La segunda temporada de True Detective ya llegó, ya está aquí. El domingo 21 se emitía a la vez en Estados Unidos y en España el primer episodio de los ocho con que vuelve a contar la creación de Nic Pizzolatto, y fue todo un éxito de audiencia.

Era de esperar, ya que en la mayor Edad de Oro que se conoce en la historia de las Series, porque llevan décadas robándonos el corazón pero es que ahora, además, le están quitando espectadores al cine, el policíaco protagonizado por Matthew McConaughey y Woody Harrelson fue, posiblemente, lo más aplaudido del año pasado.

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No estaba prevista una segunda parte pero HBO tuvo que rendirse a la evidencia: el éxito reclamaba una nueva entrega, los fans la pedían a gritos desde sus teclados en las redes sociales, y la claqueta se puso otra vez en marcha.

Cambio de reparto, pero mismo creador supervisando el resultado, buena parte del equipo técnico también dedicado a esta secuela y una cabecera que vuelve a responder al esquema de la que ya fascinara en los orígenes.

En efecto, la intro, como también es conocida, del primer True Detective creó tal mito en torno a las presentaciones de los actores y responsables de la ejecución de cuanto nos disponemos a ver que parecía difícil de igualar.

Imágenes de momentos cruciales de la serie superpuestas en siluetas o en motivos relacionados con los episodios, acompañadas todas ellas por el temazo sublime que era Far from any road, de The handsome family, apresaron nuestra memoria negándose a abandonarla.

El logro de semejante diseño de arranque de una serie ponía muy altas las expectativas respecto al que tuviera la segunda temporada, y lo cierto es que los comentarios no la han suspendido.

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Ni siquiera le han bajado la nota.

A Colin Farrell, Rachel McAdams, Taylor Kitsch y Vince Vaughn los arropa una presentación de auténtico lujo. Siguiendo la estela del diseño previo, al igual que en Friends se cambiaba de números de baile pero desarrollaba sus cabeceras alrededor de la mítica fuente, aquí las siluetas, las cámaras lentas, las superposiciones artísticas continúan vigentes.

Lo único que cambia, y no está mal que lo haga, es el tema musical con el que se ilustra. En este caso la canción elegida, con algún pequeño retoque frente a la original, es Nevermind, del más reciente trabajo de Leonard Cohen, Popular problems, publicado en agosto del pasado año, Las modificaciones de la nueva versión se encuentran en la eliminación de los coros árabes que el disco de Cohen sí incluyen.

Perfección es la palabra que acude a nuestra mente cuando comprobamos que lo han vuelto a conseguir. La serie en sí hay que dejarla respirar, ya veremos cómo avanza, cómo evoluciona y si cosecha tanta admiración como la precedente, pero respecto a la cabecera, ella ya puede presumir de estar, una vez más, a la altura.