Los viernes por la noche son para José Mota y su espléndido programa José Mota presenta, que emite la primera cadena de TVE en horario de máxima audiencia. Humor inteligente, a veces con toques surrealistas, momentos con canciones conocidísimas "tuneadas" para lograr la ironía, scketches ácidos con crítica social o sencillos, que no simples, retratos de costumbrismo diario del país en que vivimos y las personas que nos rodean.

Además cómo no, sus famosas imitaciones, auténticos pedacitos de arte en caracterizaciones ejemplares acompañadas de una precisión vocal y gestual que iguala su trabajo al actor al que pretende acercarse.

Lo hemos visto imitar a Andrés Pajares en el contexto de la parodia a Karate Kid, en la que Pajares se convertía en el chiquillo aprendiz del maestro que "da cera, pule cera", cara a cara con el mítico compañero de fatigas de Don Andrés, Fernando Esteso, quien, él sí, interviene en el scketch como invitado impagable. 

Si cerramos los ojos no sabremos notar la diferencia entre el Andrés auténtico y el imitado por Mota, tal es la grandeza de su resultado. Increíble el cambio de voz para clavar la del genio que tantas alegrías diera al cine español en los años 70, 80 y también en los 90, con ¡Ay, Carmela! o Makinavaja, el último choriso, títulos tan imprescindibles como sus célebres Bingueros. Una aproximación asombrosa a su figura que solo se puede admirar y disfrutar cada vez que la realiza.

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Pero no es este el único logro de quien nos hace reír metido en la piel del Cansino Histórico o de Bartolo, Mota también ha bordado a Paco Martínez Soria en otra versión del sketch de Karate Kid, con la misma precisión, sin un atisbo de fallo en la consecución del intérprete.

A ellos hay que sumar su imitación de Pedro Almodóvar, sentado frente a una pequeña Ana Pastorcilla en la parodia del programa dominical de la periodista titulado El Objetivillo. Risas, risas y más risas son las que ha provocado la versión de Mota del director manchego, con esa seriedad y tranquilidad en el habla que suele caracterizarlo. Una imitación hecha, se nota, desde la admiración y el respeto que el responsable de Todo sobre mi madre se ha ganado en la industria.