Si bien muchos de los participantes de la presente edición de Amor a prueba entraron pensando en los veinte millones que cada uno de los miembros de la pareja ganadora del concurso de Mega se llevaría a su casa en un cheque, lo cierto es que la gran mayoría de ellos lo hizo con otra visión: Conseguir una fama que les permita a largo plazo, multiplicar esa cantidad.



Ateniéndonos pues a lo que ellos mismos han confesado en círculos íntimos sobre el porqué de su participación en este Reality de la Televisión chilena, hay dos finalistas, con los que nadie cuenta, y que no gozan precisamente del mayor de los cariños del público, que parece dispuesto a buscar fortuna de plató en plató de televisión.





Ellos son, sí, han adivinado bien, la dupla formada por Liz y Michael. En conjunto, y aunque sólo llevan como pareja desde que se enteraron de que sólo así podrían colarse en la Final de AAP, dado que los jotes sería eliminados tras la Semifinales, lo cierto es que este matrimonio de conveniencia tiene todas las opciones del mundo de ganar el programa.



En cuanto a sus sentimientos, y aunque se ha publicado mucho sobre si ya está pactada la separación de la pareja en televisión y que sólo están aguantando en busca del premio material que hoy se pone en liza en la Gran Final, parece que a ninguno de los dos les ha ido del todo mal en este Reality.



En el caso de Michael, este se ha revelado como uno de los grandes seductores de la casa. Por sus manos han pasado Camila, Julia, Michelle y, finalmente, Liz.

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De todas ellas se ha llevado algo más que besos. en el caso de Liz, desconocida para el grueso del público chileno, se ha revelado como toda una profesional de la seducción, habiendo tenido algo con Tony, además de con Michael.



A partir de ahora, y tal y como ha venido filtrando su representante, tratarán de comenzar un carrusel de visitas a la televisión para contar su historia y cómo ha ido el programa, tanto en Chile, como en Argentina o en España, donde también han seguido el concurso que hoy llega su fin. Quien levanta el trofeo, parece ahora menos importante.