Como era jornada de reflexión, La Sexta Noche decidió que no tendría a ningún político como contertulio, y ello lo agradecimos muchos espectadores, teniendo en cuenta cómo son todos ellos en general, y más ahora, en campaña electoral. Todos fueron periodistas, los habituales del programa más algún otro, y luego vinieron algunos de la gente de la calle que colaboró en "La calle pregunta".

Pero no contábamos con que algunos de los periodistas del programa harían el papel de políticos, o de defensores de algunos políticos si eran criticados o atacados. Eduardo Inda, en su habitual papel de chico malo del programa, al tratarse los nuevos datos conocidos de ganancias de ella recientes, empezó a defender a la "lideresa" a ultranza, y tratando de poner nerviosos a sus compañeros Jesús Maraña e Ignacio Escolar con definiciones de sainete como "traca-traca" o gritos de "¡Mentira!"

Y alguien que parece más campechano e incluso más suave cuando habla, como Antonio Beaumont, aunque nunca esconda su tendencia conservadora, también defendió a ultranza a Aguirre.

Y acusaron a Maraña y Escolar de no respetar la jornada de reflexión al publicar esas informaciones el día de la jornada de reflexión.

Por no hablar de que Inda sacaba su habitual monotema de Podemos, Monedero y Venezuela, para compararlos con Aguirre y, como es de esperar, ella era más noble, más santa y más no sé qué que ellos. Algo legítimo de decir, lo que pasa es que el tono prepotente del periodista de El Mundo hacía que como defensa de ella, quedaba muy floja, me creía mucho más la defensa que hacía Beaumont, mucho más elegante. Es más, Inda estaba tan crecido y se colgaba descaradamente tantas medallas, que parecía que reclamaba para sí mismo el Nobel de la Paz, que a él le hubiera quedado perfecta una frase legendaria de Woody Allen: "La masturbación es hacer el amor con alguien a quien yo amo".

Cuando Iñaki López intentaba pasar a otro tema, más de una vez ellos metían por en medio a Aguirre, lo que dificultaba su trabajo de presentador y de dirigir a los dos grupos de tertulianos, unas veces seis y otras ocho, pero con su habitual tenacidad, conseguía tranquilizarlos y pasar a un nuevo tema.

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Más adelante, vinieron entrevistas a Cristina Almeida y al actor Juan Diego, los cuales, que nunca han tenido pelos en la lengua, se despachaban a gusto contra la corrupción la primera y contra el desprecio por la Cultura del Gobierno Rajoy el segundo. Diego contó que han rehabilitado los desaparecidos cines Luchana de Madrid como salas de teatro, que abrirán en poco tiempo y a precios muy asequibles.

Para acabar, los tertulianos fueron seis de las personas de "La calle pregunta", que hablaban como la gente normal, sin la formación ni la retórica de los periodistas ni de los políticos. Casi unánimemente dijeron que Alberto Garzón (IU) fue el que mejor se comportó, aunque criticándole a él y a todos los demás políticos que vinieron que estaban muy encorsetados, casi incapaces de salirse de las frases y comportamientos que tenían aprendidos, y que además notaban que "nos tomaban por menores de edad". Igualmente dijeron que Garzón fue el que mejor supo contestar a sus preguntas sin rodeos, el más espontáneo.