Pablo Motos estaba exultante, y no era para menos: que un actor de la talla de Russell Crowe visite tu programa y te regale una guitarra acústica no pasa todos los días, incluso si es un regalo de vuelta porque la última vez que el intérprete estuviera en el espacio de las hormigas su presentador le diera una a Crowe. Con un detalle de semejante nivel dio comienzo la edición de El Hormiguero en la que quien fuera Gladiator acudió a promocionar su ópera prima, El maestro del agua, junto a la protagonista femenina de la cinta, la ucraniana Olga Kurylenko.

La actriz, conocida por haber sido chica Bond en Quantum of Solace, hizo gala de su esforzado pero magnífico español, aunque no quiso centrarse en un idioma que no domina, porque lo aprendió para rodar con Fernando León de Aranoa Un día perfecto, de próximo estreno, y lo tiene bastante olvidado, pero tal circunstancia dio pie a que Motos le pidiera una muestra de su conocimiento del chino, del que recordó saber traducir Me gustan las ardillas.

Y todo ello tras admitir que aprendió turco rápidamente para poder dar vida a Ayshe, su personaje en la película.

Tras desvelar curiosidades como que a los intérpretes de los hijos del protagonista los contrató Crowe después de superar las pruebas físicas de cavar fosas y correr 50 kilómetros en bicicleta, debido a la resistencia física que se necesita para las muchas horas que los rodajes exigen, Russell y Olga se divirtieron con los retos que caracterizan la segunda parte del programa, como adivinar qué imágenes de las mostradas en la pantalla eran o no reales. Parecía fácil, pero los técnicos de uno de los espacios más vistos de la Televisión española son unos auténticos magos en ilusiones ópticas. 

Entretenidísimo y didáctico programa en el que las dos estrellas del cine americano desgranaron los secretos de una película donde su protagonista viaja a Turquía después de la guerra de Gallipoli, para intentar encontrar a sus hijos desaparecidos, una propuesta claramente antibelicista.

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Russell Crowe aseguró que se puede condenar la guerra honrando al guerrero, y que eso es lo que ha tratado de hacer en El maestro del agua, un proyecto muy personal para el que se involucró de manera muy intensa, y del que ha salido emocionado, con la sensación de haber realizado el mejor de los trabajos posibles. Ahora le toca opinar al público al respecto.