Ya lo propuso Charles Darwin en su libro“El origen de las especies”, para sobrevivir, las especies deben de adaptarse asu entorno. Y este debe de ser el mensaje captado por Televisión Española, ypara sobrevivir en la jungla de las audiencia televisivas, “MasterChef” ha dadoun giro hacía el “show televisivo”.

Sin embargo, en lugar de tirar defogones, como se supone que debería de ser en un programa de cocina, el espectáculoha recaído sobre el jurado. Siguiendo las enseñanzas de Risto Mejide, cuyoestilo ya funcionó en programas de Telecinco como “Operación Triunfo” y “Tú síque vales”, el jurado de “MasterChef” ha cogido ese puntito de “mala leche” yagresividad que tanto parece gustar a la audiencia.

Quizás no fue premeditado, y laactuación del jurado, sobre todo de Pepe Rodríguez y Jordi Cruz, con el milveces comentado “León come gamba”, le pilló de sorpresa a la cadena detelevisión. Sin comerlo ni beberlo, y tras las críticas salvajes del jurado aAlberto, el artífice de tan feroz plato, el "hashtag" del programaescalaba hasta las primeras posiciones de Twitter.

Así, una vez aprendida la lección, losresponsables ejecutivos del programa entendieron que debían de dar un girohacía la polémica televisiva, y es que debieron de entender que no sólo de pany buenos platos vive el hombre, sino que también había que condimentarlos conun poco de sal, pimienta y vinagre.

En la última entrega del programa, yliteralmente hablando, los platos rotos los pagó un concursante llamado Pablo,que intentaba imitar un postre basado en una falsa mandarina, ideadaoriginalmente por el ilustre pastelero Jordi Bordas. Pues al tocayo del pastelero,Jordi Cruz, no pareció convencerle ni la mandarina, ni las excusas de Pablo, ycon un golpe de muñeca, que ya la quisiera Rafa Nadal, volteó el plato sobre lamesa y lo rompió ante las narices del concursante.

Frases como “estoy harto de oír excusas”o “te acabas de romper como el plato” fueron las más “graciosas” que le dedicóJordi al concursante y, ante la sorpresa, se convirtió en el segundoconcursante valenciano que derramaba sus lágrimas sobre el plató de “MasterChef”.Esta vez no hubo expulsión directa, pero Pablo recibió “alto y claro” el mensajedel jurado.

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Y para que el show fuera completo, ademásdel mal humor del jurado, no podía faltar una “pérfida” entre los concursantes.Según la definición de la RAE, una persona pérfida es aquella que es muy mala odesleal con quienes confían en ella. Y el guante a este calificativo lo recogióMila, una concursante que robó una gallina a Lidia, una compañera que se disponíaa cocinar una gallina en pepitoria.

Tras la acción de Mila, el plato de Lidiase quedó sólo en pepitoria, pero aun así no fue suficiente para conseguir laexpulsión de la víctima del “robo”.

Estaría bien conocer si “MasterChef” hafichado últimamente, a golpe de talonario, a algún ingeniero televisivo de Mediaseto de “La Fábrica de la Tele”, ya que este giro, en la forma de hacer televisión,es más propio de la cadena del cinco.

Sin embargo, no podemos decir que lesesté saliendo mal la estrategia, en una noche muy difícil, televisivamentehablando, y en la que tenía que competir con “El Príncipe” en Telecinco y con “Allíabajo” en Antena 3, “MasterChef” consiguió una audiencia de más de 3 millonesde espectadores, liderando el “late night” y también las redes sociales.

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