Era cuestión de tiempo, nunca mejor dicho, que sucediera, y ya la tenemos aquí: el gran cómico José Mota, dentro del programa que Televisión Española emite los viernes en horario de máxima audiencia, ha parodiado la serie que más ha sorprendido a los espectadores en los últimos meses, la que más aplausos ha cosechado y más fenómeno fan ha generado, El Ministerio del Tiempo.

Ya en el programa número 5 del humorista el equipo formado por los alter ego de Alonso de Entrerriíos, Amelia Folch y Julián Martínez viajaban a 1635, a los alrededores de la Torre de Juan Abad, para detener al Cansino Histórico, uno de los más célebres personajes de Mota, aquel que va amenazando a todos los famosos con los que se encuentra, y en cuyo sketch, como no podía ser de otra forma, también los agentes terminan amenazados.

Pero en el noveno José Mota presenta, ya nos situamos en el Ministerio, en la presentación de la misión, y no es la parodia de Salvador, el subsecretario de Misiones Especiales interpretado por Jaime Blanch, la que les expone a los tres viajeros aquello que se les encomienda, sino la de Irene, a quien da vida en la famosa ficción Cayetana Guillén Cuervo.

Unos espías del siglo XIII viajarán al siglo VI para matar al Rey Godo Recaredo I, y para evitarlo tendrán que atravesar la puerta 4 y llegar al primero de los siglos indicados. Algo que parece tan sencillo es motivo de confusión continua: Alonso, como en todo buen chiste, va liando la misión asegurando para empezar que hay que detener a los espías para que no manden un recadero al Godo, y preguntándose más adelante por qué alguien puede tener interés en matar a un recadero.

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José Mota en la piel de Alonso, el personaje que pertenece a los Tercios de Flandes en la serie parodiada, está soberbio dándole la vuelta a todos los datos. "Hablo primero con el recadero y luego, si eso, ya hablo con los espías", llega a afirmar, en su total desconcierto con la misión que los ocupa.

También mezcla números de puertas con el de agentes que van a encargarse del caso, todo para que la comicidad no se pierda ni un segundo y el sketch sea redondo hasta el momento de su conclusión, ese en el que Alonso afirma tener la misión cumplida... a su modo, claro.

Impecable tratamiento en clave Humor de una serie en la que uno de sus componentes es precisamente ese, pero Mota se centra en dicho elemento para retorcerlo y ofrecernos un toque de locura con todo el sentido que la variante surrealista del género posee. Algo, por otra parte, muy difícil de lograr. Solo parece fácil cuando lo vemos visto y corroboramos que funciona, pero hay que ser muy diestro con las teclas de la comedia para que los resortes de esta particular máquina del tiempo no acaben sonando desafinados.