Parecía el candidato ideal cuando la Academia anunció que Neil Patrick Harris sería el maestro de ceremonias de los Oscar 2015. Uno de los protagonistas de la serie de Televisión Cómo conocí a vuestra madre, e intérprete también de uno de los films de la pasada temporada, Perdida, donde tenía un papel pequeño pero decisivo en la trama, iba a encargarse de conducir la gala más importante de cuantas tiene el Cine a lo largo del año.

Millones de espectadores la siguen en directo para ir descubriendo si sus actores y películas favoritas ganan los premios más deseados de la industria, y todos ellos están también pendientes de los chistes, los vídeos y del espectáculo, en definitiva, que tiene lugar en su escenario.

Y lo cierto es que Neil Patrick Harris no tuvo, el pasado 22 de febrero, la mejor de sus noches sobre él.

Las críticas le han llovido, y no han sido precisamente buenas. No estuvo como se esperaba, no solo la ceremonia como tal, que fue calificada de aburrida en la mayoría de los tramos, a excepción del comienzo, que siempre resulta brillante, pero el resto acusó una falta de garra que Patrick Harris no fue capaz de enderezar. Y la audiencia lo acusó. Fue la gala menos vista en años, y es de imaginar que muchos de los espectadores que empezaron a verla, unos con ganas y otros con simple curiosidad, abandonaron la emisión en cuanto comprobaron que el rumbo del evento no era de su agrado.

Días después del resultado el actor ha declarado sus escasas intenciones de repetir hazaña en los Oscar de 2016.

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Afirma que es un escaparate tan mediático que no es fácil exponerse a las opiniones, y que el trabajo invertido, con respecto a los comentarios posteriores, no compensa. Añade que a los Oscar hay que dedicarles demasiado tiempo y que no sabe si su familia, o si él mismo, podría soportar por segundo año consecutivo, o en algún otro, semejante exclusividad como requiere la cita más esperada por los aficionados. No se ha negado en rotundo, pero sí ha sido bastante contundente a la hora de indicar su rechazo a una hipotética segunda propuesta de la Academia para volver a ser aquel del que todos los ojos estén pendientes en la noche más cinematográfica del año.