"Pero... ¿y si sí?" Es la gran pregunta con la que José Mota, introducido en cualquiera de sus personajes cotidianos, se desmonta a sí mismo la teoría tranquilizadora al respecto de cada una de las situaciones embarazosas a las que se enfrenta. Una vez planteada la circunstancia del scketch, ya sea en un bar o en una sauna, detiene el tiempo narrativo real, para en ese paréntesis abierto, mirar a cámara y confesarle sus miedos al espectador, porque ese momento, tan reconocible por todos, da pie al humor más corrosivo, y si encima el punto de vista subjetivo subraya el malestar objetivo, el acierto queda multiplicado.

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José Mota presenta tiene su punto fuerte en esos giros de scketches, esas reflexiones emitidas directamente a la audiencia de una manera tan prohibida por las reglas de la ficción como es la comunicación directa con aquellos que la ven. Ni siquiera el documental, que no deja de ser realidad ficcionada, tiene permitido hacerla, así que mucho menos cuando se trata de otro género. A veces, muy pocas, se recurre a ella para solicitar la complicidad con quien está siendo testigo de todo, y si bien puede tratarse de un guiño que concluya un capítulo en tono de comedia que indique que las cosas han ido exactamente como el protagonista tenía planeado, generalmente suele ser una escalofriante prueba de que lo que vendrá a continuación, tal y como parecía, no traerá nada bueno. 

Mota recurre a la mirada a cámara con la naturalidad de quien sabe que tiene ese aspecto dominado, además de solicitado.

José Mota en 'José Mota presenta'
José Mota en 'José Mota presenta'

Es decir, lo ha convertido en parte de su renovado y aplaudido espectáculo, en el que sabiamente ha prescindido de sus míticas frases para no cansar a quienes conocen de sobra su repertorio. Ahora estas acotaciones tan personales son su sello para una temporada que arrancó con fuerza y de la que se espera una constante frescura que el cómico es capaz de ir desarrollando a medida que los programas avancen. No se olvida, por supuesto, de las imitaciones, clásico donde los haya en todo espacio de humor que se cite, y un aspecto en el que Mota ya ha dado sobradas muestras del genio que se le considera, pero el aire fresco que suponen sus apuntes personalizados reafirman que cuando alguien es grande en su profesión es porque también ha sabido ser único en ella.

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