Final por todo lo alto la de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, a todos los niveles. A los casi dos millones de televidentes, lo que supone un 12,3% de cuota de pantalla, le siguió el triunfo del amor en una gala en la que ningún participante se marchó solo de vuelta a casa.

El primero en elegir candidato para su corazón fue Markus. El gallego, que dudó hasta el final sobre qué hacer, ya que sus dos candidatas eran de su gusto y congenió con ellas desde el principio en esta aventura, acabó haciendo caso a su madre.

De esta forma, el vigués elegía a Rocío.

El segundo en destapar sus sentimientos fue Diego. Después de pasarse el concurso tomándose todo a broma, como escudo de un sinfín de inseguridades que le han hecho cometer varios errores durante el trascurso del mismo, debía elegir entre Bea y Estrella. Al final, se acabó decantando por la que fue la primera mujer que le cautivo: Bea.

Tras Diego fue el turno de Rafa. El poderoso caballero, y Don dinero adherido a su bolsillo, no lo tuvo nada fácil. Con la mosca detrás de la oreja desde el principio en relación a un posible interés económico de sus pretendientas, el joven millonario acabó haciendo caso a su madre.

Sandra se fue para casa y María Luisa recibió el anillo de pretendienta.



El penúltimo en tomar la decisión más importante de su vida fue David. En contra de los deseos de su madre, y obedeciendo a su corazón, acabó entregando la alianza a Ana para sorpresa de su madre. No le quedó otra que respetar la decisión final de su hijo.

Por último llegó uno de los momentos que más interés desató para la audiencia, como fue la resolución del culebrón de Sandro. Tras risas, lloros, desencantos, líos entre pretendientes y demás capítulos interminables, Cuando parecía que se marcharía como había llegado, Vicente se plantó en el plató con una banda de mariachis y confesó su amor a un Sandro al que se le ablandó el corazón.

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Con la promesa de que no volvería a haber ninguna infidelidad por su parte, Vicente consiguió arrancar el sí quiero a Sandro, que por fin dejaba de estar soltero. ¡Qué viva el amor! 

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