Se acabó una nueva edición de este concurso que ha vuelto a tener mucha audiencia, sí, el experimento sociológico que dicen que es, que empezó con concursantes como nosotros, pero con el tiempo, la cadena que lo emite, Telecinco, se dio cuenta de que también podía funcionar con famosos, e hicieron esta franquicia, Gran Hermano VIP, que después de varias semanas de peleas, intrigas y toda clase de situaciones inverosímiles, ayer llegó a su fin.

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Este cronista fue como público, no pagaban mucho, pero así veía parte de cómo es el programa, al menos desde el punto de vista del público. Acostumbrado al ritmo y la calidad de La Sexta Noche, ya relatados aquí, me encontraba con un programa radicalmente distinto, en donde incluso Eduardo Inda sería bienvenido. Todo era distinto, incluida la cantidad de gente del público: de las 300 personas de LSN, aquí, según me dijeron, son 600.

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Después de una hora y cuarto en una cola larguísima en la calle Federico Mompou de Madrid, donde están los estudios de Telecinco, cuando parecía que no pasaríamos nunca allí y la farmacia cercana que estaba abierta cerró hasta el día siguiente, pasamos al interior y nos llevaron a un pasillo interior descubierto por donde llegarían los tres finalistas de Gran Hermano VIP, la "alfombra roja". Aquello parecía más una pequeña pista de atletismo que otra cosa, con el público a un lado y a otro de las vallas por donde pasarían.

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Mientras esperábamos que llegaran, de vez en cuando la gente se entretenía con Ylenia, Olvido Hormigos y algunas otras participantes ya eliminadas, que contaban con sus grupos de fans y detractores, con aplausos, silbidos y gritos coreando sus nombres, cuando no ofreciéndose ellas para hacerse fotos con sus fans. Ylenia iba con su pinta vulgar, muy "telecinquera". Olvido parecía más normal, aunque sin tanta "pose". Del programa en sí, poco nos enterábamos, ya que los monitores del pasillo eran pequeños, y nos teníamos que conformar con el sonido que llegaba por los altavoces, imaginándonos el programa en sí.

En mi opinión, nada de lo que oía me parecía de auténtico interés, diálogos insulsos y reacciones exageradas, con su presentador intentando desesperadamente convertir aquel circo en una especie de apoteosis. Pero el gran momento llegó cuando las dos finalistas, la inefable Belén Esteban y Aguasantas Vilches, llegaron de la casa de Guadalix conduciendo dos flamantes coches descapotables, que recordaban a los de los tiempos del asesinato de Kennedy, entrando en el pasillo al mismo tiempo.

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Viendo desde lejos los faros de los coches, aquello me recordó más a las carreras de coches de "Grease" o "Rebelde sin causa", y creía que ambas acelerarían sus vehículos para salir corriendo, pero la estrechez del pasillo con alfombra roja era excesiva. Bajaron de los coches y fueron por la alfombra, saludadas por sus rendidas fans. Hubo un pequeño incidente fortuito con una de ellas, pero no fue nada y pasaron al plató.

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Como ya había acabado el cometido del público, nos dijeron que ya nos podíamos ir a casa, y lo hicimos. En aquel pasillo, era difícil ver algo al haber tanta gente, había que tener un cuello avestruz o Inspector Gadget para ver mejor. No sabíamos, entonces, cómo acabaría el programa, ya lo veríamos en casa. En La Sexta Noche, podemos ver desde el público todo, pero en GH, todo es distinto.

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