El paso del Cine mudo al sonoro supuso, como todo cambio importante, una revolución en Hollywood: muchos actores dejaron de trabajar por no tener las voces que se requerían, nuevos técnicos se incorporaron a los rodajes para que el sonido fuera óptimo y las películas, los negativos en los que la grabación quedaba registrada, tuvieron que adaptarse, al igual que los proyectores, para poder leer la nueva información que les llegaba.

Un cambio traumático que el propio cine ha reflejado con mejor humor que lo que en realidad debió pasar la industria. Así, Cantando bajo la lluvia cuenta, a modo de comedia musical, todo el follón que acarreó esta transición, y The Artist lo hizo también, aunque su tono de comedia fuera algo más leve a medida que la realidad se le va viniendo encima al protagonista, que se niega a aceptar el cambio, hasta aplastarlo como una losa.

La diferencia entre ambas películas es que la primera era una cinta sonora rodada en color y con canciones memorables y la segunda era muda, con intertextos en inglés pese a ser mayoritariamente una producción francesa, y rodada en blanco y negro, lo que constituía todo un homenaje a ese cine que moría pero que sigue vivo en los gustos de muchos cinéfilos. Esa diferencia, que de pequeña no tiene nada, fue en realidad un verdadero reto para los responsables de la segunda, y es que el film data de hace cuatro años, es decir, de una época, la presente, en que hace varias décadas que el blanco y negro se utiliza para películas destinadas a un público minoritario y decantarse, además, por la narración exclusivamente a base de imágenes con acompañamiento únicamente musical, sin que se escuchen los diálogos, es, en la era de los efectos especiales de realismo exquisito, un suicidio de cara a la recaudación en taquilla.

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Sin embargo, todos nos equivocamos y quien acertó fue Michael Hazanavicius, director de la película, quien consiguió con ella no solo un éxito de crítica, que era el que parecía asegurado, sino uno más grande de público. Los espectadores, en pleno siglo XXI, deseaban ver una película muda en los cines y además salían entusiasmados de las salas. Ganó cinco Oscars, fue la primera cinta francesa en proclamarse la mejor producción del año y cuatro después, en su emisión por la pequeña pantalla, se convirtió en Trending Topic en la red social Twitter, otro invento moderno con el que no podían ni soñar los hermanos Lumiére, compitiendo en audiencia con obras maestras del calibre de Origen, de Christopher Nolan, ejemplo de ese cine de efectos especiales de última generación antes citado, y El Padrino II, de Francis Ford Coppola, que otras cadenas también emitían, haciéndose la competencia entre ellas.

Está claro que el cine, cuando es maravilloso, no importa de qué material esté hecho, lo que es primordial es que sepa acercarse a la audiencia, que es a la que se dirige y para la que se ruedan las películas.