El último reportaje de "En tierra hostil" no ha dejado indiferente a nadie, y es que el programa batió récords históricos, apunta La Guía de TV de ABC, ya que "logró 3,5 millones de espectadores y un 20,9% de cuota de pantalla", y es que no fue para menos.

La primera parte nos llevaba a través de Corea del Norte de la mano de un guía un tanto particular, Alejandro Cao de Benós, un norcoreano con piel de catalán. La visita consistía en desplazarse primeramente por Pyongyang, la capital del imperio comunista; en esta veíamos una sucesión de grandes monumentos e instalaciones, pero lo particular de estos sitios era que estaban prácticamente desiertos, y, al aproximarse a los escasos ciudadanos que utilizaban las instalaciones, éstos evitaban al periodista.

Cuando Jalis de la Serna finalmente aprovechó un hueco y consiguió hablar con una mujer, esta hubiera hablado un inglés fluido de no ser por los titubeos y balbuceos explicados por su cara de pánico.

Pero aún hay más, el simpático guía muestra Pyongyang como una comunidad idílica no solo digna de algunos privilegiados afines al régimen, sino del pueblo norcoreano, lo que intriga, debido a que después vemos como mayores y niños trabajan en campos de cultivo y nos muestran una casa, con más pinta de decorado, en la que se supone viven una pareja de ancianos, tras preguntarles si preferirían vivir en la capital el traductor transcribe un dialogo muy distinto al de la mujer alzando el régimen en el que viven.

Y cuando creíamos que todo había acabado, viajan a la que llamaban "decadente" Corea del Sur y visitan a los afortunados que lograron escapar del régimen. Aquí nos topamos con las crudas declaraciones de una señora que fue condenada a trabajos forzados por que su abuelo había sido acusado de espionaje al tener un amigo chino. Esta señora vio con sus propios ojos como una madre, que jamás había comido carne, devoró a su hijo moribundo porque solo cortezas de árbol podían comer, contó como los oficiales escupían en las bocas de los trabajadores y si no se lo tragaban les daban una paliza de muerte.

Lo que es chocante es que acusan al gobierno de EE.UU. de propagar su decadente cultura y de vivir en un tipo de gobierno abocado al fracaso, cuando tienen una ciudad entera al más puro estilo Hollywood y donde la mayoría de coreanos hablan perfectamente el inglés.

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