Alejandro González Iñárritu, director de cine laureado por excelencia, tiene acostumbrado al público a buenas propuestas cinematográficas. Birdman, es el filme que esta vez lo ha convertido en centro de atención de los medios de comunicación; y que después de nueve meses en producción lo ha alzado como director revelación en los recién entregados premios Oscar, con cuatro estatuillas que ingresarán a sus vitrinas.

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Las anteriores películas de Iñárritu, Amores Perros (2000), 21 Gramos (2003), Babel (2006) y Biutiful (2010), hablan por sí solas de sus atinadas decisiones a la hora de escoger su equipo de trabajo y sus guiones. Con Birdman, actual propuesta del director mexicano, se demuestra que existen acertadas razones para que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood y la Director's Guild of America (DGA) reconozcan la calidad de su trabajo.

Michael Keaton en Birdman
Michael Keaton en Birdman

Contrariamente a lo que se esperaba en estos Oscar, los mejores resultados de Birdman no se debieron a su acertada edición del sonido; sin embargo si se analizan los valores artísticos de la película no se puede pasar por alto el trabajo de Martín Hernández. Este editor estuvo al frente del equipo de sonidistas y motivó buenas críticas de los especialistas.

Iñárritu está satisfecho con la acogida en general que tuvo el filme; pero en las entrevistas resalta la labor de Hernández.

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Para él la edición del sonido tuvo mucho que ver con el premio. Considera el sonido una responsabilidad de alta magnitud a la hora engranar una buena película: "En Birdman hubo en total 15 personas en el departamento de sonido, de las cuales Hernández realizó la mayor parte con Aaron Glascock. Ellos son muy receptivos y saben que deben estar preparados en caso de tener que cambiarlo todo, porque es de ahí de donde surgen las emociones más genuinas de los espectadores. Hernández ha ganado mi confianza desde su trabajo en Amores perros y en Biutiful".

En Birdman, los guiños costumbristas, hablan también del rigor en proceso de edición. Hernández lo explica: "Hay que escarbar y regresar; conversar… y repetir". Así lo vemos en la escena en Times Square cuando Riggan Thomson camina en ropa interior y se oye la grabación de los vendedores de tamales en bicicleta por las calles; o en el sutil silbato de los carritos de batatas (camotes); o en construcciones más complejas, en la noche en que Riggan comienza a volar, después de beber hasta la saciedad.

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La ciudad de Los Ángeles y una calle de Burbank a la 1:00 de la mañana fueron concebidas como localización perfecta para generar distancia real. Para Iñárritu estas se convirtieron en ingredientes que no hubiera dejado de utilizar. Hoy el director mexicano no tiene dudas de que Birdman ha dejado mucho por debatir…

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