El feeling entre Pedro y Romina fue inmediato nada más se conocieron cuando él entró a concursar en Amor a prueba. Él es una persona muy tranquila, a la que no le gusta nada meterse en discusiones, muy independiente, que se va a dormir pronto y odia los ruidos a altas horas de la noche... Y a ella, aunque también detesta las peleas entre sus compañeros, es más alocada que él. 

Pedro, por haber ganado la competencia de solteros por la mañana, tuvo derecho a elegir compañera para compartir una velada romántica. La afortunada fue Romina. Ambos disfrutaron de una cena en la que intercambiaron opiniones y aprovecharon para conocerse un poco más a fondo, y más tarde durmieron juntos en una habitación separada al resto

Al empezar la cena, la situación era un poco tensa. Hasta ahora, los dos habían pasado mucho tiempo en la casa  juntos, y él había mostrado ponerse un poco celoso cuando ella trataba con otros chicos. Sin embargo, cuando ella lo buscaba, él no quería juntarse a ella porque varios compañeros decían que a ella le gustaban todos -ya que siempre había adoptado el papel de jote-. Pedro tiene una barrera con sus sentimientos y Romina tuvo que jugar muy despacio sus cartas para ganárselo. 

Él le preguntó sobre sus relaciones pasadas y Romina le contó que su expareja le fue infiel y lo pasó mal. Pedro contó que nunca se había enamorado, y siente que cuando lo haga va a ser una vez en su vida y para pasar el resto del tiempo con ella. El chico va con pies de plomo y no quiere acercarse mucho a Romina aunque se sienta atraído por ella para prevenir un desengaño o un problema en la casa. 

Más tarde pasaron a la habitación, y tras conversar y ella pedirle que no ponga el freno antes de empezar nada, se olvidaron por unos momentos de las cámaras e intercambiaron besos y caricias que les sentaron bien a los dos. Todavía no son pareja, primero quieren conocerse como amigos, pero una amistad sumada a cierta atracción puede acabar en una bonita historia de amor, si se hacen bien las cosas desde un principio.