Kiko sigue con sus películas de media mañana y poco a poco nos regala ciertas vivencias un tanto sacadas del contexto que le ocupa. La última que nos ha regalado ha sido en su lugar favorito de la casa, ese gran dormitorio de la casa de Guadalix con algunos grandes hermanos.

El hijo de Isabel Pantoja nos relató, ante la gran atención de los que allí se encontraban, que su madre lo puso en un gran aprieto cuando éste participaba en otra Reality de esta misma cadena, Supervivientes.

Según sus propias palabras se cagó en los muertos de su madre 60 millones de veces.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Telecinco

La explicación que nos da el eterno Dj es que, como recordamos algunos seguidores, tuvo un gran problema con su pierna, y estaba dispuesto a abandonar, y , claro, que con su madre diciéndole que lo quería y que aguantara que el podía seguir en repetidas ocasiones delante de toda España ponía al Sr. Rivera en un compromiso importante, puesto que su salud estaba bastante mermada.

Llegó a decir que ojalá estuviera durmiendo cuando la llamaron desde el programa, puesto que aguantó algo más solo porque su madre entró en directo y no iba a abandonar el reality delante de todo el país en vivo y en directo, quizás porque mostraría una cobardía suprema e insensibilidad máxima ante las palabra de su madre.

Me encanta que de vez en cuando este hombre nos ofrezca vivencias donde nos riamos algo, y se deje un tanto de estrategias. Quizás con lo inteligente y avispado que es para otros menesteres, no se dé cuenta en un medio que conoce bastante bien, que le vendría mejor ratos y charlas como estas para ganar más votos, porque el papel de Napoleón le viene muy muy grande. A menudo se pierde en ataques, en muchos casos, gratuitos, y entre dimes y diretes que no le llevan a ningún lado con Laura Cuevas.

Vídeos destacados del día

En fin Kiko Rivera podrá gustar más o menos, pero lo que si es cierto es que nos deja titulares a cada palabra que dice, y es una pena que no sean más, aunque la culpa no es suya, eso hay que achacárselo a la cama y al sofá que ejercen sobre él una fuerza sobrenatural e imposible de no caer en sus magnéticas redes.