Anoche empezó la cuarta edición del tan controvertido programa “¿Quién Quiere casarse con mi hijo?”, emitido por Cuatro (Mediaset) y presentado por Luján Argüelles. Para quienes no lo conozcan, diremos que el funcionamiento es el siguiente: cinco hombres (cuatro heterosexuales y uno homosexual) buscan pareja, ayudados y asesorados por sus respectivas madres, cuyo protagonismo, por cierto, es incluso mayor que el de sus propios hijos.

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Ante esto, se presentan una serie de candidatas y candidatos, y los concursantes han de elegir con quién se quedan hasta encontrar al que se supone será el hombre o mujer de su vida.

El formato es simple, por no decir simplón, y los concursantes elegidos a cada cuál más extravagante. No debe haber sido fácil realizar un casting cuyo objetivo es encontrar cinco perfiles de chicos que representen cada uno de ellos un prototipo tan distinto y remarcado.

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Encontramos al rico que nadie sabe exactamente a qué se dedica, al freaky que busca rarezas y que le gusta el cine y los ordenadores, no falta el tímido que no se come una rosca y cuya madre es vidente, tenemos también al guaperas, y por el último al chico gay que busca un hombre masculino, romántico y rompedor.

Se trata de unos ingredientes simples que se rematan con una presentadora, eso sí, de altura.

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Lujan Argüelles no suelta la ironía en ningún momento y parodia a los concursantes sin que siquiera ellos se den cuenta, llegando a ponerlos incluso en evidencia pero de una manera tierna y divertida. A todo esto contribuye también un equipo de editores en el programa maravilloso, que se encargan de hacer reír al espectador y de ridiculizar sin maldad a quienes se exponen en ese programa Y es que, visto lo visto, no sabemos hasta qué punto las personas que ahí aparecen son reales o se encargan de llevar a cabo una interpretación perfectamente estudiada.

¿Por qué será, ya que este programa tiene tan escaso contenido, que se repite por tercera vez? En ocasiones (en plural) puede llegarte a hacer sentir vergüenza ajena, y es increíble la apología de la ignorancia que lanzan los valores promulgados por los concursantes. Por eso, no sé si se trata de diversión a costa de los demás, o de llegar a creer que estamos viendo una serie de ficción.

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