Después de cinco años sin pisar un escenario en Madrid, la expectación en torno al concierto de Joaquín Sabina era muy elevada. Su regreso colgó el cartel de aforo completo, y las 14.000 entradas se agotaron en apenas una hora. El concierto, que se celebró en el Palacio de Deportes de Madrid, comenzó lleno de energía, pero tuvo que finalizar antes de lo previsto debido a que el miedo le estaba provocando a Joaquín mareos y vahídos.

Sabina salió al escenario muy ilusionado tras haber estado tanto tiempo alejado de éstos, y por ello comentó que se había cuidado mucho para este concierto tan especial.

Pero cuando llevaba 40 minutos de actuación comenzaron a surgir los problemas. En ese momento el cantante abandonó el escenario dejando, al mando a su colaborador Jaime Asua y Pancho Varona.

Cuando reapareció, dijo que los nervios le habían pasado factura y había tenido un vahído. Sabina comentó que por exceso de ganas de estar bien para sus fans, le había surgido esta mala experiencia como a Pastora Soler, a la que señaló como una gran artista.

Sabina intentó continuar con el concierto sentado en un taburete, pero su gesto había cambiado; estaba mucho más serio e incluso pálido.

El cantante hizo un gran esfuerzo para no defraudar a su público durante hora y media, pero antes de cantar "Y nos dieron las 10", anunció que ésta sería la última canción. Dijo que no iba a haber más, pues no se encontraba bien y pidió disculpas. Al terminar la canción, se bajó del escenario llorando, y sus músicos corrieron tras él. El público estaba dividido entre los que pedían compresión para el cantante y los que gritaban "tongo".

La cuestión ahora es qué pasará con el concierto que tenía programado para el martes día 16, también en el Palacio de los Deportes.

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No sabemos si Sabina se encontrará con fuerzas suficientes para subirse al escenario y si suspenderá el concierto.

El miedo escénico es una patología que sufre gran parte de la población, y entre sus síntomas se encuentran náuseas, sudoración o temblores. Pastora Soler  no es la única artista que ha confesado padecerlo; la cantante Adele ha tenido que recurrir incluso a la hipnosis, pues suele vomitar antes de sus actuaciones. Scarlett Johansson, Alejandro Sanz o Robbie Wiliams son otros de los artistas que pese a su miedo escénico han logrado continuar con sus carreras. 

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