El programa "Adán y Eva" quiso hacer su propia versión de la exitosa película de "Ocho apellidos vascos" protagonizada por la actriz Clara Lago y el cómico Dani Rovira. En este caso, los personajes fueron Maite y Carlos, pero con la peculiaridad de estar desnudos en una isla del Mediterráneo. Maite, una bilbaína abanderada, es estilosa, moderna y bloguera de moda. Ella misma se considera mona y cree que hay dos tipos de hombres diferentes: por un lado, están los fríos y bordes y por el otro, los listos.

Su Adán, Carlos, es un romántico empedernido y tiene mucha labia que considera su arma secreta. Este exbombero jerezano ha tenido tres relaciones serias y siempre le han dejado, por eso se encuentra en la isla para buscar nuevamente el amor.

Sin embargo, los dos protagonistas chocan desde el primer momento. Cuanto el sur y el norte se tropiezan, cae un tromba de discusiones. Ella no está acostumbrada al romanticismo ni a los detalles y se muestra distante con el andaluz.

Carlos, por su parte, cree en el estereotipo clásico de los vascos, son cerrados y cortantes. Él cree que a ella le cuesta abrirse y que debe de deshacerse de la coraza que lleva puesta. Por tanto, sus adjetivos son "siesa" y "cortante", una y otra vez, durante la estancia en ese lugar tan idílico.

La noche llega a la isla y los dos se preparan para la cena que Carlos va a cocinar. Esta vez es ella la que juzga según los estereotipos regionales.

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Dice que los andaluces "no tienen arte", lo que tienen "es mucho cuento". Él prefiere no continuar con ese tema y le pregunta si dejaría Bilbao por amor, y si se marcharía a Jerez a vivir con él. Ella muy orgullosa afirma que de ninguna manera puesto que ambos sitios no "tienen ni punto de comparación". Y siguiendo con los supuestos planes de futuro, ella le dice que le gustaría poner a sus hijos su apellido primero.

A lo que el Adán responde, que toda la vida ha sido el del padre primero. El norte y el sur vuelven a chocar una vez más.

A la mañana siguiente, Carlos se levanta antes que Maite y le coloca un caminito con post-its rosas con mensajitos. Cuando ella lo ve reacciona de manera brusca y admite "que estas moñadas" no le gustan nada. Y de nuevo, otra discusión comienza entre ambos. Sin embargo, poco después aparece una nueva concursante que lleva una bolsa y un perro como equipaje.

Ella es Verónica que se define como "nómada, alocada y sexy". Vive en Sevilla y se dedica a la peluquería a domicilio. Su pasión es la literatura erótica y su bolsa está llena de todo tipo de complementos que aparecen en sus libros favoritos: látigo, esposas, cuerdas, plumas, polvos picantes… Cosas que más tarde probará con Carlos al que no le gustará nada.

Pero antes de esta experiencia, los dos andaluces se juntan para dar comienzo a una velada romántica.

Es una cita en la que el gaditano se queda sin palabras tras escuchar a Verónica que le encanta bailar como stripper. Algo que remata con que para ella "el dolor es placer". Pero Verónica sabe que el tiempo vuela, y debe aprovecharlo, así que ni corta ni perezosa se lanza hacia la comisura de los labios de su Adán.

Cuando cae la noche, Carlos vuelve a tener otra cita pero esta vez con Maite por ser la ganadora en la creación del mejor escenario romántico. Una cita que termina de la forma contraria a la que tuvo con la sevillana. Cómo no, esta termina con otra discusión. No obstante, "los que se pelean se desean" decíamos cuando éramos pequeños. Y así ocurrió. Él tuvo que escoger a una de las dos y eligió a la bilbaína, pasando por encima de los prejuicios, estereotipos y diferencias regionales que podrían obstaculizar este futuro amor.

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