El nombre de Susan Boyle, ahora desafortunadamente relacionado también con el Síndrome de Asperger, seguramente será familiar para aquellos que han tenido la suerte de seguir la tercera edición del programa televisivo "Britain's got talent". La mujer, tranquila ama de casa que había ya rechazado de participar a Factor X detrás las insistencias de su vocal coach, en 2009 participó en el programa como cantante.

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Grande fue la sorpresa de los jueces y del público cuando la mujer, del aspecto tal vez un poco descuidado y, por eso, en el 1994 fue ridiculizada por Michael Barrymore, mostró una potente voz de mezzo-soprano y, por lo tanto, se clasificó al segundo puesto de la competición británica. Después de ese éxito, la mujer ha publicado durante 5 años álbums de éxito mundial que la llevan a girar por todo el mundo.

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En estas ocasiones, su gerente comienza a notar que algo no va bien: sucede que Susan un momento esté feliz y contenta como todo el mundo mientras que al momento siguiente sea presa del "look con la capucha" - como lo han definido los colaboradores: los hombros encorvados, la cabeza hacia abajo, la mirada de rabia contra todas las personas incluso contra los platos que traen al restaurante. En sus ojos desaparece cualquier forma de calor humano.

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Pero un motivo por todo esto existe y no depende del carácter difícil o de comportamientos de "diva": a Susan Doyle, de hecho, en 2013 le fue diagnosticado el síndrome de Asperger, y en el mismo año se ve con otro famoso actor afectado por la misma enfermedad: se trata de Dan Aykroyd.

El síndrome de Asperger es una forma de autismo que lleva a tener dificultades en las relaciones humanas y en la comunicación.

Por las relaciones humanas, las personas con síndrome de Asperger tienden a aislarse, tienen pocos intereses y comportamientos obsesivos. Tienen grandes dificultades a fiarse de la gente y se agitan con facilidad y casi inexplicablemente. Sabiendo todo esto ahora también todos los miembros de su séquito se dan cuenta de cómo sea difícil la vida para ella, y toleran en manera diferente sus cambios de humor.

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Pero Susan logra vigilar estos cambios humorales desapareciendo: cuando se da cuenta que está teniendo uno de estos ataques se aleja para estar sola. En cambio, cuando sube en el palco el síndrome no existe porque cantando se siente bien, la hace sentir una persona diferente.

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