El programa del domingo de la cadena Cuatro, 'Viajando con Chester' nos trae como invitada estrella a María Belón, sobreviviente del tsunami que asoló el sur de Asia en 2004, exactamente el 26 de diciembre de ese año. Ella junto a su familia sobrevivieron a una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad y ahora está en el programa de Chester para contarnos su historia con pelos y señales.

Risto Mejide la conduce desde el principio de la noche anterior hasta que todo termina. Por eso, la entrevista comienza con cuáles eran sus problemas antes del suceso, ella responde que Quique, su marido, perdiera el trabajo.

María Belón cuenta como en el momento que viene la gran ola te das cuenta de lo ridículos que llegamos a ser lo humanos, ya que cuando vio que venía hacía ellos la ola, una señora corría con su toalla para que no se mojase. Asimismo, ella confiesa que se agarró al libro que estaba leyendo en ese instante.

Confiesa en la entrevista que lo peor que recuerda en esos momentos son los golpes y el pensamiento constante de porqué no se moría, pero una de los peores pensamientos fue no desearles a sus hijos pasar por aquello que estaba pasando ella, desando que estuviesen muertos para no vivirlo. Esto se le fue de la mente cuando vio y escuchó a su hijo el mayor, Lucás, al salir a la superficie.

Además, dice que en estas catástrofes nadie sabe como va actuar hasta que lo vive, pero ella dice que hay persona que pueden ser muy malas y otras extremadamente buenas.

Vídeos destacados del día

Belón cuenta que uno de los momentos más duros fue cuando un señor exigía una sabana limpia, gritando. 

Risto Mejide comenta que en la película, "Lo imposible", basada en su historia, hay muchos momentos "peliculeros" y pregunta si realmente sucedieron así. Ella dice que la vida esta llena de momentos "peliculeros", que las películas son menos duras que la realidad. Es propio decir eso de que la realidad supera a la ficción en muchas ocasiones. Asimismo, añade que sin esos momentos las vidas estarían incompletas.

Para concluir, hay que incidir en María Belón, en la forma de cómo cuenta la historia, con dolor en los gestos y en sus ojos, casi diez años después de lo sucedido.