Hay que reconocer que es única, y lo lleva demostrando desde que su nombre es sinónimo de disponerse a pasar un buen rato frente al televisor, cuando llega el turno de la emisión del programa en que el que participe en ese momento. Lleva ocurriendo desde 2008, año en que su rostro se hizo popular gracias a Estas no son las noticias, informativo satírico que presentaba junto a Quequé, otro de los cómicos más respetados del país. Pero la fama de Ana Morgade es un hecho consolidado desde que en septiembre del siguiente año, el 2009, entró a formar parte del equipo de Buenafuente y nos regaló momentos memorables con una sección que ella convirtió en imprescindible.

Tras su dedicación al cine, teatro, radio y Televisión, ahora la vemos de lunes a viernes en Zapeando, que emite La sexta, donde se mete al público en el bolsillo a cada intervención que realiza gracias a la versatilidad que demuestra en todo momento. Rápida y mordaz, conjuga en tono y gestos las réplicas perfectas, garantizando la carcajada. Es colaboradora junto a Miki Nadal, Quique Peinado, Sara Escudero y Cristina Pedroche en el programa que presenta Fran Blanco sobre curiosos momentos televisivos, en el que el equipo avanza en los contenidos entre bromas y pullas de Humor sano que destila buen rollo. Y Ana es uno de los componentes clave para que tenga lugar esa química entre ellos, incidiendo con asiduidad en el poco caso que se le hace al conductor del magazine o haciendo gala de su indignación cada vez que se habla de fútbol, haciendo gala con desparpajo del aburrimiento que le produce un tema del que afirma no saber absolutamente nada.

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La comedia es algo muy serio, es lo que afirman todos aquellos que se dedican al humor, y muchas veces no le damos la importancia que tiene, porque aunque sea una profesión muy estimada, en efecto, no es nada fácil hacer reír, y pocas cosas son más decepcionantes que saberse ante un momento gracioso y que, por culpa del comediante a cargo del mismo, que este no funcione. Pero Ana domina el arte que provoca la risa con solo una mirada, esa que en un instante reacciona a las alusiones en el plató y al siguiente desafía a los espectadores en casa a que se diviertan con el vídeo que propone, demostrando la enorme destreza que únicamente tiene quien lleva el oficio en las venas.