Lo primero que habría que hacer, antes de demonizar sobre el fenómeno de la llamada telebasura, es atenernos a una definición del término: se trata de aquellos programas que explotan el morbo y el escándalo como forma de atraer a la audiencia. Ahora habría que definir también qué es morbo y el escándalo para cada uno de nosotros, pero como los humanos funcionamos a modo de especie, hay que generalizar, y aunque haya excepciones que confirmen la regla, y para alguien sea morboso algo no considerado como tal, lo normal es que a todos nos resulten interesantes y llamativas las mismas cosas.

Pongamos por caso un accidente en una vía por la que nuestro coche tiene la mala suerte de circular.

Seguramente, la retención que produzca nos enfurezca porque nos hace aminorar la marcha, pero una vez llegados a la altura de lo ocurrido no querremos marcharnos de allí sin haberlo visto todo con el máximo detalle, pese a que la caravana, y tal vez un guardia o varios, nos impulse a seguir nuestro camino.

Pasemos el mismo acontecimiento por Televisión, con la seguridad de que el reportero de turno está presente en lugar de los acontecimientos contando la última hora a cada minuto. En este caso no habrá necesidad de que nos tengamos que marchar, ya hay alguien allí que nos lo muestra. Y lo vemos en nuestra propia casa.

Somos cotillas por naturaleza y además nos gusta constatar que estamos a salvo de todo. Por lo tanto, cualquier programa que nos ofrezca las desgracias de los demás, cuanto más en directo mejor, será bienvenido.

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¿Que sabemos que hay programas mejores que ver? En efecto, tanto es así que solemos mentir en las encuestas y afirmar que vemos lo que tal vez deberíamos, cuando no es verdad. Las audiencias lo reflejan y las redes sociales también. Si tal programa es Trending Topic es que está triunfando. Los comentarios delatan a quienes los escriben como espectadores ávidos de lo que ven. Y por eso existe la oferta, porque la demanda es real.

Muchos piden televisión de calidad, pero cuando esta se ofrece no siempre funciona y, pongamos por caso, películas muy minoritarias emitidas en canales importantes a veces no obtienen la respuesta que se espera de un público que parece demandarlas. Pero la calidad, situada en el extremo opuesto a la telebasura, también es un concepto más subjetivo de lo que aparenta, ya que, como en todo, hay grados por los que decantarse.