El sexo vende. No solo eso, el sexo vende mucho y muy rápido. Desde hace mucho tiempo en la Televisión, el cine o la música se han empezado a ver muestras de sexualidad que poco tienen que ver con el espectáculo. Hace ya muchos años que el sexo es parte del espectáculo, de hecho existen incluso discos cuyas portadas tuvieron que cambiarse por ser excesivamente explícitas. Un caso muy famoso sería el disco "Sticky Fingers" de los Rolling Stones, que mostraba unos vaqueros, con una cremallera de verdad, vestidos por un hombre con una considerable erección y que en algunos países (entre ellos España) fue censurado. Sin embargo últimamente estamos pasando de la provocación al marketing.

Ya no se trata de indicarle a los guardianes de la moral cuál es la opinión de un artista respecto a dichas normas de conducta, sino sencillamente que la gente hable de un artista.

Se ha pasado a llamar a los fans a acudir a los conciertos, a ver cuánta carne muestra esta vez el artista o con qué bandera fustigan esta vez a alguien con los glúteos bien expuestos. Y eso por no hablar de lo que algunas canciones expresan y que desde luego no hablan muy bien de lo que el día de mañana harán quienes escuchen determinadas letras o vean determinados videoclips a poco que sean mínimamente influenciables. Posiblemente el caso más claro y frontal sea el de la canción "Anaconda", en la que una chica habla de las barbaridades que hace con los chicos en el coche, hace una sesión de lapdance y comenta lo que es necesario para que "la anaconda" de determinado chico quiera algo con ella. Así como resumen.

Sin embargo lo mejor viene con los directos, donde algunos incluso admiten que acuden al concierto a ver cuanto sexo "no explícito" pueden ver. Como si de una cinta de cine para adultos se tratase, pero con bula por ser parte de un espectáculo en el que se bordea pero no se toca la linea.

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Y luego alguien demanda porque un programa hable sobre las ventajas del condón para evitar ETS y usan un profiláctico y un plátano.