Cómo nos cuesta cambiar las ideas establecidas, por mucho que tengamos delante la demostración de que todo evoluciona y los cánones ya no son los mismos. Por más que Disney, Pixar, canales de Televisión o el material colgado en YouTube nos lo advierta, seguimos adjudicando los dibujos animados al público más pequeño de la casa. Un error del que debemos aprender de cara a próximos títulos y siguientes capítulos, dependiendo de que sean largometrajes o episodios de series televisivas.

Muchos adultos recuerdan con tristeza la muerte de la madre de Bambi en el famoso film de Diney. La pérdida de la inocencia es un tema duro pero el género de la animación también lo tiene en cuenta y no ha dejado de exponerlo cuando la circunstancia lo ha requerido. Así, cuando Pixar se ha unido al sello de Walt nos ha ofrecido la historia de amor entre dos robots, Wall-E o la de amistad entre un anciano y un niño en Up, que además, contaba en sus diez minutos iniciales la historia del matrimonio, en la que no hubo, mientras se proyectaban, un solo espectador que no se emocionara.

Buscando a Nemo o Brave tienen un poso adulto que suaviza la máscara animada, y no me refiero solo a las moralejas, sino al desarrollo de sus argumentos, que se van oscureciendo a medida que los personajes y las situaciones que viven evolucionan. South Park, producción de la Warner extraída de la serie, tenía todavía más peligro: reaccionaria, políticamente incorrecta y malhablada, fue en su momento uno de los paradigmas más claros de que el Cine animado puede ser únicamente territorio adulto.

Vals con Bashir, de Ari Folman, El Congreso, también de Folman o Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, basada en el cómic de esta última, son cintas animadas con la política como telón de fondo para los protagonistas. En España la animación no solo ha alcanzado la mayoría de edad, en algún caso ha llegado a la vejez y ha retratado el alzheimer con la crudeza que el tema requiere, pero con la sensibilidad, el tacto y la humanidad necesarias en Arrugas, basada en el cómic de Paco Roca.

Y con personajes ancianos, y otros no tanto, se desarrollaba la oscura y estupenda O Apostolo, película gallega rodada con la técnica del stop-motion 3D que asustó a más de un niño en la sala de cine. La Academia de Hollywood la preseleccionó entre las mejores del año pero no llegó a ser candidata al Oscar a la Mejor Película de Animación. Méritos no le faltaron.

Pero si la gran pantalla cuenta con un amplio número de ejemplos, la pequeña no se queda atrás: American Dad o Los Simpson o esas palabras mayores que son Padre de familia: el bebé Stewie, que odia a su madre y quiere dominar el mundo, es uno de los grandes personajes que nos ha regalado la animación televisiva. Pero la serie es un puñetazo a todo y a todos. Los tacos son lo de menos cuando nos enfrentamos a una familia que detesta a su hija, a un anciano pederasta vecino del barrio o a un pequeño homosexual, el ya citado Stewie, al que solo el perro puede entender. Emitir estas series en horario infantil no se antoja la mejor de las ideas, pero ya se sabe: solo son dibujos animados.