Estos días cumplimos una década desde el fiasco que representó Blade: Trinity. Esa trilogía que marcó la carrera de Wesley Snipes a lo largo de los últimos noventa y los primeros años de este milenio. Mientras la película se cocinaba en los estudios el público hablaba de que sería el final que toda trilogía de Comics soñaba.

La primera había convencido a todo el mundo, Blade podía ser un héroe del Cine y no solo la estrella invitada en las páginas de las vacas sagradas de la Marvel, mientras su propia serie quedaba relegada a las habitaciones de los fans más acérrimos o los entendidos muy suyos.

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Wesley Snipes había llegado a la ciudad y lo hacía katana en mano.

La segunda parte había hecho lo que otras trilogías míticas, había superado a su predecesora pero sin traicionar el concepto. Las historias no estaban excesivamente interrelacionadas, apenas si llegaban a tener personajes en común, pero la idea convencía. La era de los vampiros estilo Matrix había llegado para quedarse.

Con la tercera llegaba el momento de dar la campanada, llegar a la cima y dejar a los espectadores con ganas de más, suplicando por otra trilogía que nos diera más.

Entre las estrellas invitadas teníamos nada más y nada menos que al mismísimo Drácula. Blade contra Drácula no podía salir mal, sencillamente era físicamente imposible. Sin embargo Snipes lo logró.

Ya en el rodaje se mostró como una estrella en el peor sentido de la palabra. Arrogante, vago e incluso incompetente. Una persona que presumía de ser artista marcial y de ser capaz de hacer todo lo que el seguro de accidentes le permitiese delegó en su doble todo lo que no fueran primeros planos. De su caravana salía tal cantidad de humo de marihuana que algunos llegaron a pensar que podría haber un incendio ahí dentro.

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Incluso agredió físicamente al director de la cinta, David Goyer.

Al final, cuando la cinta llegó a los cines resultó claro que algo había fallado estrepitosamente en la linea de montaje. Blade no solo no llevaba el peso de la cinta, lo que podría llegar a entenderse si se pretendía dar paso a un grupo de cazadores que pudieran tener su propio Spin-off, sino que parecía que toda su función en la trama era pasar por ahí hasta que llegasen a la escena final, en la que todo queda en manos de una de sus ayudantes.

Al igual que el propio Snipes, Blade dejaba el trabajo sucio a otros.

Ahora Wesley Snipes pretende recuperar el personaje, lo que ya de por sí sería difícil dado lo ya contado. Pero ahora se añade que esta franquicia vuelve a estar en las manos sabias de Marvel. A diferencia de otras productoras, Marvel no acepta improvisaciones y hechos de última hora. El plan es claro y nadie se sale de él por nada del mundo. Las estrellas están para trabajar, las divas no convencen. Digamos que, a no ser que Mercenarios 3 convierta a Snipes en el actor más buscado de Hollywood, no le veremos otra vez cazando vampiros en una buena temporada.

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