Hoy, martes 12 de agosto de 2014, se ha ido uno de mis actores favoritos, al que además, según muchas personas, conocidas y desconocidas, me parecía físicamente. La noticia me ha pillado de una manera un tanto curiosa, por lo que me ha sorprendido más de lo que debería ser normal, si es que hay alguna forma normal de reaccionar ante una noticia así.

Me encontraba reuniendo datos para hablar sobre el 12 de agosto como una fecha curiosa, día en que nació uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, Mark Knopfler, que hoy cumple 65 años, y en el que también nació Pat Metheny, guitarrista de jazz de los más grandes.

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En ese mismo día, 12 de agosto, falleció Les Paul, también guitarrista, famoso aparte de por su forma de tocar, por haber inmortalizado el modelo de Gibson que lleva su nombre.

Me llamó la atención esa triple coincidencia, y estaba profundizando para hacer mi artículo para Blasting News cuando mi mujer me dio la triste noticia del fallecimiento del protagonista, entre muchas otras películas, de "La señorita Dubtfire", "Jumanji" y "El hombre bicentenario".

Podría haber buscado otra fecha para ver si habían coincidencias similares, el año tiene 365 días y en los más de dos mil años que llevamos de existencia (desde que el calendario empezó a contar desde el año 1, en la era cristiana) es bastante probable que aparezcan varios datos coincidentes en diferentes fechas del año. Pero ha sido hoy cuando me he puesto a buscarlos porque quería hacer una crónica sobre Mark Knopfler en el día de su cumpleaños. ¿Casualidad? Es posible, pero este tipo de cosas no me dejan indiferente...

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Hoy es un día triste, ya nunca más será un día para celebrar sin que se impregne un poco con la noticia de este fallecimiento, máxime al saberse la forma en que Robin McLaurin Williams, presuntamente, se ha quitado la vida. Era un actor que transmitía mucho sentimiento con el simple gesto de su cara, con el brillo de sus ojos, pequeños pero muy muy expresivos, y que todos los que tuvieron el gran honor de conocerlo tenían una buenísima opinión de él como actor, pero también como persona. Robin era una de las pocas celebridades a las que me habría encantado conocer en persona, aunque solamente hubiera sido para saludarlo, darle la mano, y hacerme una foto con él, y hablar sobre ese hipotético parecido físico al que tantas veces me han hecho referencia.

Pero, ante todo, es un día en que el Cine internacional debería poner a media asta su bandera cinematográfica para que todo el mundo sepa que se ha ido uno de los grandes, después de haber superado por dos veces sus adicciones al alcohol y a las drogas. Gran amigo de Christopher Reeve y de John Belushi, ahora volverá a reunirse con ellos en ese lugar donde, si no existe habría que inventarlo, se reunen los buenos actores para no volverse a separar. Y seguirá jugando con su juego favorito, The Legend of Zelda. Descansa en paz, Robin.