Un rayo de sol, de Los Diablos, Eva María de Fórmula V o El bimbó, de Georgie Dann, allá por los años 70. Más recientemente el Aserejé, de Las Ketchup, Macarena, de Los del Río o El tractor amarillo de Zapato veloz. Sin olvidar El negro no puede..., El chiringuito, Cachete, pechito y ombligo, de nuevo de Georgie Dann. El incombustible Georgie Dann, clásico entre los clásicos.

Fueron las canciones del verano de hace algunos años. Inolvidables melodías, simples y pegadizas que se bailaban allá donde fueras y de las que todo el mundo hablaba.

Anuncios

De calidad muy discutible pero extremadamente valoradas por la función de diversión a la que sí respondían, no dejan de ser un referente incluso a día de hoy. El espejo en el que nuevas composiciones se miran para intentar hacer historia tal como lo lograron aquellas.

Pero no es fácil ser un fenómeno mediático, que todo el mundo hable de ti todo un verano, que tu canción pegue también entre quien no está pendiente de quién consigue ser el más aclamado o de qué tema se encuentra entre los más vendidos.

Vivimos momentos dispersos en los que las posibilidades de difusión son casi infinitas. Ya no tenemos solo dos canales de televisión para convertir en éxito seguro lo que por ellos se emite ni es necesario comprar el disco entero para llevarse una canción en el dispositivo electrónico de bolsillo. Ni siquiera contamos con programas que tengan continuamente de invitada a la estrella del verano para que nos cante una y otra vez lo que más suena. Todo ha cambiado, se ha modernizado y, en buena medida, hemos perdido algo muy típico: la canción del verano ya no es lo que era.

Anuncios

El concepto sigue existiendo como algo arrastrado a la actualidad, pero sin la repercusión de entonces, solo en la nostalgia de lo que representó. Actualmente la oferta televisiva de programas musicales se limita a concursos de versiones de temas que ya triunfaron y los talentos nuevos surgen, cuando lo hacen, también a través de competiciones: ver quién va a participar en Eurovisión. La carrera por cantar la canción del verano ya no parece ser una prioridad, y así las cosas, si un tema tiene suerte puede ser escogido para ambientar la Vuelta Ciclista a España, algo nada desdeñable porque de esa forma sonará con más fuerza, o, en el caso de un año con Mundial de fútbol como este, ser quien se ocupe del tema central también es un punto a favor.

Sin embargo, en Brasil ha habido no uno sino tres. Por un lado la canción oficial, de Pitbull y Jennifer Lopez, We are one (ola ola), y por otros Shakira y su Dare (la la la) y Ricky Martin con Vida. Demasiado repartido para que haya un claro vencedor, demasiada diversificación.

Dentro de nuestras fronteras la canción Paraíso, de Dvicio, ha estado muy presente entre los vídeos musicales que más han rotado por las cadenas especializadas. Pero nada parecido a los fenómenos que se desataban hace años.

Anuncios

Ojalá el devenir de los tiempos nos traiga nuevamente, y en todo su antiguo esplendor, eso que hoy se encuentra diluido entre los éxitos contemporáneos que pinchan las emisoras de radio y los títulos revival que recuerdan la época en la que la canción del verano era, más que una leyenda, un hecho consumado.