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Los hemos visto crecer ante nuestros ojos. Han pasado los años y las películas y ellos han dejado de ser esa promesa infantil en largometrajes de envergadura para consolidarse como actores imprescindibles capaces de recoger alabanzas de crítica y público. Sus primeras apariciones en la pantalla fueron tan míticas como lo son muchas últimas y en cada largometraje en el que intervienen la expectación aumenta solo con el hecho de que cuenten con su presencia.

Es el caso de Leonardo DiCaprio, que todo lo que toca se convierte en éxito, desde sus apariciones en Series como Los problemas crecen o sus primeros papeles en Vida de este chico o ¿A quién ama Gilbert Grape?, la primera de sus cinco nominaciones al Oscar, premio que aún se le escapa y que merece más que muchos que ya lo tienen.

O de Christian Bale, actor con mayúsculas desde que Steven Spielberg nos lo descubrió en El imperio del sol. Descomunal presencia y talento innegable, ha ido llenando la pantalla y convenciéndonos sin ningún esfuerzo de que puede bordar cualquier personaje.

A Kirsten Dunst la descubrimos cuando apenas tenía 12 años en Entrevista con el vampiro y desde entonces se ha labrado una variada carrera en la que ha incluido el Cine comercial, con taquillazos como Spider-Man, y el cine independiente, sobre todo de la mano de Sofía Coppola (Las vírgenes suicidas, María Antonieta) y Lars von Trier (Melancolía) moviéndose con soltura e inteligencia en ambos. Algo parecido a la trayectoria de Scarlett Johannson, aquella niña de El hombre que susurraba a los caballos que se ha convertido en una mujer adulta y que pese a saberse la más sexy del planeta no le ha evitado compaginar el cine de autor con los blockbuster del momento, y así la hemos podido ver en Lost in Translation o La joven de la perla y en producciones de Marvel como Los Vengadores.

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E incluso oír, ya que únicamente su voz era perceptible en la versión original de Her, trabajo por el que también fue alabada. Menos por la Academia, que le sigue negando el Oscar.

Los niños de Harry Potter tampoco lo han hecho mal. Han destacado con solvencia por un lado Daniel Radcliffe, su protagonista indiscutible, introduciéndose en el cine de terror con la magnífica La mujer de negro y está a la espera de ver cómo se recibe Horns, y por otro lado Emma Watson, la Hermione de la saga, con la película de culto Las ventajas de ser un marginado y superproducciones tipo Noé, dos títulos en los que ella demostraba estar claramente por encima de su calidad. Al igual que le ocurría a su compañera de reparto, Jennifer Connelly, la pequeña a la que vimos bailar y hacerle la vida imposible al personaje de Robert De Niro en Érase una vez en América y posteriormente como adolescente que busca a su hermano Dentro del laberinto. Actriz descomunal que no siempre acierta a la hora de elegir proyectos pero que brilla aunque la película sea más bien opaca.

Lo de Jodie Foster son palabras mayores porque tiene más años y más experiencia. No en vano comenzó rodando series de televisión a los 7 años y pudimos verla en Bonanza o Kung Fu antes de que convirtiera en la estrella que es hoy gracias a Taxi driver, que acometió a los 14 años o a El silencio de los corderos, que la acabó de convertir en un mito. Dos Oscar a la mejor actriz avalan su trayectoria, que también pasa por la dirección, aunque esta no sea precisamente su mejor faceta.