Casi al mismo tiempo que los fans se encariñaban del personaje de Eddard Stark y empezaban a verle como el gran héroe de esta epopeya de sangre, sexo (vamos, la política del día a día para España) y dragones, su cabeza rodaba por las escaleras del Gran Septo de Baelor bajo la hoja de su propia espada. En ese momento muchos fans lloraron, gritaron y lamentaron la perdida para minutos después entender que la ficción televisiva había cambiado para siempre, en nueve capítulos habíamos conocido y perdido al un personaje que merecía más.

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No muy diferente fue el proceso con Oberyn Martell. Le conocimos, nos encariñamos y su cabeza acabó desperdigada por la piedra aún caliente por el sol otoñal de Poniente.

Esta vez fueron ocho episodios y de nuevo un personaje que merecía mucho en esta serie moría ante nuestros ojos y sentíamos que nos habíamos perdido mucho.

Los personajes no pueden revivir, al menos no en el cálido sur, en el Norte las reglas son otras. Sin embargo podemos recuperarlos en el recuerdo de sus seres queridos. No hace mucho, Sean Bean, actor que dio vida a Eddard Stark, nos revelaba su esperanza de que el personaje vuelva ante los ojos de su hijo tullido, Bran Stark. Ahora se habla de que, de manera mucho menos mágica, tal vez tengamos el placer de volver a ver a la Víbora Roja en las pantallas de nuestros televisores, posiblemente a través de los ojos de su hermano o alguna de sus hijas.

(Ligerísimo spoiler, no revelo nada pero indicios hay)

Dorne no es como otros lugares de Poniente, como bien mostró la Víbora Roja por su forma de actuar.

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No todo es lo que parece y muchas cosas se han de explicar. En el libro es una larga conversación que lleva muchas páginas, tal vez un flashback de Oberyn y determinados personajes sea mucho más televisivo.

(Aquí acaba)

Puede que en no mucho tiempo tengamos ante nuestras pantallas a una Víbora aún con la cabeza intacta y un Eddard aún con ella sobre sus hombros. Tal vez tengamos la oportunidad de enterrarles sin que le pase algo a sus cabezas.