Con Mad Men, que ahora está emitiendo su séptima y última temporada, nos adentramos en el mundo de la publicidad de los años 60, un mundo en el que la doble moral, la falsedad y todo lo que reluce pero no es oro está a la orden del día. Esta obra maestra, que forma parte de la cada vez más innegable "época de oro" de las Series estadounidenses que estamos viviendo hoy en día, busca un contexto diferente y sugestivo (una época de cambios en un ambiente como el publicitario, que siempre ha sido un reflejo de la realidad del momento) para tratar temas atemporales: dramas personales, luchas del individuo contra las masas, la importancia de las apariencias…

Mathew Weiner, guionista de la aclamada Los Soprano, firma esta serie en la que la mayoría de los intérpretes resultaban vagamente conocidos antes de Mad Men pero que no formaban parte del Star Systemestadounidense.

Aunque, actualmente, la apuesta por esta serie, que ha recibido una cantidad ingente de premios, está dando sus frutos y todos ellos están recibiendo reconocimiento.

El punto fuerte de la serie

¿Pero a qué se debe la popularidad de Mad Men? La respuesta la encontraremos en la historia, magistralmente hilvanada y desarrollada, que toca temas candentes y que refleja el camino hasta la sociedad actual en que las apariencias no tan sólo importan sino que son la base de todo. El tabaquismo, el alcoholismo, el machismo, el adulterio y otros puntos conflictivos de nuestra sociedad tienen cabida en esta serie.

En Mad Men vemos a mujeres modernas, mujeres que trabajan, mujeres relativamente "liberadas" pero que siguen bajo el yugo de un machismo despótico inflexible que en ocasiones se muestra de forma patente y en otras es una realidad implícita socialmente aceptada que no se cuestiona bajo ningún concepto.

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También vemos un contexto en que todo el mundo oculta algo para poder mostrar una imagen intachable. La compañía Sterling & Cooper se dedica a vender productos pero sus trabajadores también se venden a sí mismos, venden su imagen día a día.

En el primer episodio de la serie ya podemos observar cómo se intenta vender el tabaco, algo que mata, como algo natural y saludable. Se disfrazan los productos para hacerlos atractivos y los personajes también están disfrazados, como el protagonista, el creativo Don Draper, que esconde sus infidelidades e infelicidad tras una imagen de padre de familia y de hombre de éxito que acabará desmoronándose.

La imagen, esencial para su éxito

La imagen de la serie, su estética cuidada hasta el último detalle, también es una de las bazas a favor de Mad Men. La recreación del ambiente de los 60 es impecable y la fotografía y los recursos audiovisuales nos aportan mucho más de lo que podemos obtener mediante la narración explícita. La forma importa en Mad Men(¿cómo no iba a ser así teniendo unos personajes para los que la imagen es esencial?) y en esta serie el humo y el gris confluyen para recrear unos ambientes viciados, tensos y complejos ocultos tras una fina capa de sonrisas falsas y apretones de manos poco cordiales.

Nos encontramos, pues, ante un paquete envuelto con sumo cuidado, un regalo atractivo, pero en este caso no hay lugar a engaños como los que se elaboran en Sterling & Cooper, y al ir desenvolviéndolo, desanudando sus coloridos lazos en forma de episodios, vamos entreviendo que lo que hay dentro es aún mejor de lo que pensábamos.