Kate Middleton es la duquesa de Cambridge. Es rica y está casada con el príncipe Guillermo. Kate es la duquesa consorte, pero eso es lo de menos, pues está haciendo una reforma en su flamante Palacio de Kensington. La idea es gastarse cinco millones de euros (cuatro millones de libras) en hacer habitable el edificio, tal y como señalan desde el Palacio de Buckingham.

Este argumento sería asumible si el coste de la reforma no recayera sobre las arcas del erario público, es decir, sobre los bolsillos de los británicos quienes, paradójicamente, no habitan en palacios ni lo harán jamás. Los duques de Cambridge están acostumbrados a llevar una vida de lujo, al igual que el resto de la aristocracia europea.

En contraposición a la reforma del palacio de Kate y Guillermo, la feliz pareja de millonarios, el resto de los británicos tienen dificultades para llegar a final de mes. No solo eso, sino que además, el Gobierno conservador de David Cameron está haciendo sucesivos recortes que afectan directamente a las clases más desfavorecidas. Pero claro está, tal y como se argumenta desde Buckihgham Palace, el palacio de los duques forma parte del patrimonio histórico, por lo que es justo que el Gobierno, esto es, los británicos, invierta cuatro millones de euros en su mantenimiento.

Ante un argumento tan poderoso, pueden ocurrir dos cosas: 1) que seamos completamente idiotas y lo asumamos sin más; 2) que pensemos un poco y lo rechacemos. Obviamente, si lo rechazamos algo tendremos que argüir para ello.

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Colgándole al estado el mantenimiento de mi propiedad

El gasto que Kate Middleton supone al pueblo británico es completamente legal. Prueba evidente de que la ley favorece a las clases poderosas. En este caso particular, favorece a la familia real británica, la Middleton incluida. El Palacio de Kensington es propiedad de la familia real británica desde que fuera comprado en 1689 por los reyes Guillermo III y María segunda, quienes andaban en busca de una vivienda bien situada. Su precio fue de 20.000 libras.

Inicialmente, el palacio pertenecía a Sir George Coppin. Supongamos que este no hubiera sido comprado por la familia real. Tal vez, con el paso del tiempo, los descendientes de este sir no hubieran podido mantenerlo en pie, por lo que no sería el edificio relevante que es ahora. O, tal vez, sí que hubieran podido, por lo que el coste de su mantenimiento correría de su bolsillo, como ocurre con el resto de personas que tienen una vivienda en Gran Bretaña.

En cualquier caso, se observa que es un edificio histórico porque los británicos lo han mantenido en pie, simplemente porque parte del dinero de los impuestos se ha utilizado siempre al mantenimiento de las viviendas de la familia real, lo cual, por otra parte, facilita el tener en propiedad un buen número de palacios suntuosos y bien situados.

Ahora bien, puesto que es su casa, el mantenimiento de la misma debería corresponder a la familia real. Sin embargo, las leyes británicas (y las leyes de todos los países en los que se conserva una monarquía) convierten el mantenimiento de la vivienda de la familia real en un asunto de Estado.

Alguien podría decir todavía que el palacio está abierto al público y que no es, estrictamente hablando, la vivienda de los duques. Sin embargo, podemos responder que una cosa son las viviendas de los miembros de la familia real que habitan el palacio y otra bien distinta, las zonas abiertas al público. Las obras se están realizando en el piso ocupado por los duques de Cambridge, el 1A, no sobre las zonas abiertas al público. Dicho en román paladino, no se está reformando el Palcio de Kesington en tanto que edificio histórico, sino la vivienda particular de Kate Middleton en tanto vivienda particular de Kate Middleton.

Blanco y en botella: la familia real británica se vale de unas leyes que les favorecen para hacer reformas en las viviendas particulares de sus miembros. Si el pueblo británico tiene que pagar las reformas del piso de los duques de Cambridge porque forma parte del patrimonio histórico, entonces, el piso 1A debería estar abierto al público.