Camino de los ocho millones deespectadores y de los 50 millones de euros de recaudación, la película deEmilio Martínez Lázaro "Ocho apellidos vascos" no tan sólo baterécords en el cine español, sino que supone una excepción y una sorpresamayúscula en una industria deprimida y atacada por todos los flancos: desde lasdescargas ilegales por internet hasta el lastre de un IVA excesivo, situado ensu tipo máximo.

Pero, ¿qué ofrece esta películapara seducir de tal modo al público español?

Desde luego, no se trata decine-espectáculo, con asombrosos y carísimos, efectos especiales, no ofrece 3-Dni cuenta con actores de caché máximo.

Al contrario, "Ocho apellidosvascos" fue producida con un presupuesto relativamente modesto y aborda ungénero cotidiano, en principio más propio de las series televisivas que delcine: el costumbrismo.

La clave, en realidad, está enel tema: los tópicos nacionales y regionales, vistos con humor. Si esta fórmulaya triunfó en su día en Francia, con la película "Bienvenidos alNorte" (inspiración probable de los productores de "Ocho apellidosvascos"), en España el tema cuenta con el añadido de las tensionesinter-autonómicas, y con el trasfondo del tema del terrorismo, ETA y de la"kale-borroka".

Algo que el cine español había tratado muy poco ysiempre un en un contexto de intenso dramatismo.

"Ocho apellidosvascos" contrapone los tópicos más relevantes de dos culturas opuestas: laandaluza y la vasca. Pero si bien el prototipo del protagonista masculino esinofensivo, un joven andaluz con desparpajo y gracejo, en el caso de laprotagonista femenina al carácter serio y autosuficiente de los vascos se lesuman un sinfín de referencias y alusiones al independentismo y al terrorismo.Gag tras gag, todos se alimentan de este tipo de ingredientes: cuando la chicase deja olvidado el bolso, los amigos andaluces del protagonista temen quecontenga una bomba; cuando el padre vasco de la chica hace una referencia a unantiguo novio "sureño" de su hija, no se está refiriendo a que elchico fuera de Andalucía, sino de Vitoria, al sur...

de Euskadi.

El verdadero gancho de lapelícula reside en el trasfondo de verdad que hay en cada chiste. El públicoreconoce las situaciones, las asocia con otras que probablemente habrán vividopersonalmente, y, lo que es más importante,reconoce en las mismas muchos de sus miedos... y no hay nada que tenga unefecto más cómico más contundente que exorcizar los propios temores.

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