Se dice que actualmente casi el 45% de la población sufre o ha sufrido #ansiedad en algún momento de su vida. Es algo así como la enfermedad del siglo XXI.

Y lo que es peor aún, la ansiedad se percibe como una enfermedad contra la que es preciso luchar y erradicar de nuestras vidas cuanto antes. No se indaga tanto como se debería en el por qué, en la causa originaria que ha desencadenado taquicardias, palpitaciones, presión y ataques de pánico, entre muchos otros síntomas. Simplemente se alerta a las personas de que deben tomar fármacos y más fármacos para volver a sentir tranquilidad en sus vidas.

Para que me entendáis, es como si las hojas de una planta empezasen a pudrirse o a llenarse de agujeros.

Si sólo nos limitamos a recortarlas un poco y ya está, la planta difícilmente se recuperará. Si, por el contrario, analizamos más detenidamente el por qué se está pudriendo, seguramente encontremos una causa: que necesita más o menos agua, que tiene poca luz, que el abono no es el más adecuado, o que es hora de trasplantarla a una maceta más amplia.

Así, en el ejemplo de la planta, las hojas podridas no serían la enfermedad, sino solamente la consecuencia. Es preciso indagar, descubrir qué es lo que está produciendo esa consecuencia.

Y del mismo modo que en el ejemplo, la ansiedad no es una enfermedad en sí misma que deba curarse. Es simplemente una alerta de que algo no va bien en tu vida. Y sólo conseguirás superarla cuando descubras qué es lo que te inquieta tanto, qué es lo que está mal en ti y necesita cambiar.

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De modo que detrás de las taquicardias, las palpitaciones, los mareos o los ataques de pánico, se esconde una verdad. Tu verdad. Algo que necesitas escuchar y atender cuanto antes.

Y sólo cuando seas capaz de escuchar esa voz interna que lleva tanto tiempo queriendo decirte algo, y la aceptes tal cual suena, empezarás a caminar por la senda correcta. Encontrar y aceptar la propia verdad es una experiencia reveladora, sanadora, casi catártica. Eso sí, es un proceso largo que requiere tiempo.

Tu cuerpo, tu alma y todo tu ser llevan mucho tiempo reclamándote atención, es hora de detener el tiempo y volcarse de lleno en ti mismo. Detrás de este reclamo hay un deseo, una ilusión (por ínfima que sea), rescátala del olvido, dale voz.

Tal vez te sea difícil encontrar la causa de tu ansiedad si llevas muchos años de sufrimiento en los que te has focalizado más en los síntomas, y en los que te has sentido tan perdido o confuso, que sientes que apenas te quedan fuerzas para seguir. En ese caso, trata de remontarte al origen, al momento en el que empezaste a sentir que algo no iba bien en tu vida.

También puede serte útil preguntarle a tus conocidos, apoyarte en tus relaciones. Pero indaga, escucha tu verdad. Y sé lo suficientemente valiente para querer oírla.

En conclusión, no pongas tanto ahínco en querer paliar los efectos de la ansiedad, porque así solo estarás contribuyendo a negar tu verdad. Escúchate, pregúntate una y mil veces qué quieres, qué necesitas cambiar, quién eres tú y hacia dónde quieres ir. Sincérate contigo mismo, sin limitaciones ni prejuicios, sólo tú y tu verdad.