Entendamos qué conlleva la ansiedad

Diversos estudios apuntan a que las personas con ansiedad analizan con mayor detenimiento a las demás personas, lo cual puede conducir a juicios anticipados que no se ajusten del todo a la realidad.

Sí, las personas con ansiedad juzgan más que quienes no padecen este trastorno. Ya lo hagan de manera consciente o no, lo cierto es que prestan excesiva atención a las expresiones faciales de su interlocutor. Y no sólo lo hacen más rápido de lo normal, sino que además forman opiniones más herméticas que el resto. Esto significa que las personas con ansiedad “etiquetan” más fácilmente a los demás, atribuyéndoles determinadas cualidades y rasgos, y una vez que lo hacen, difícilmente cambiarán su opinión.

La principal consecuencia de esto es que tienden a sacar conclusiones equivocadas acerca de las intenciones de los demás. Y ello puede ocasionarle más problemas de lo común en sus relaciones.

¿Y por qué sucede esto?

Las personas con ansiedad suelen analizarse excesivamente a sí mismas. Miden sus palabras y actos con mayor frecuencia que los demás. Su mente es un hervidero que no cesa de emitir pensamientos acerca de cómo son, de cómo han hecho tal cosa o de cómo han actuado en tal situación. Y del mismo modo que se analizan a sí mismas, no pueden evitar hacerlo con los demás.

También influye el hecho de que se sientan amenazadas con mayor frecuencia, por lo que tienden a adoptar una postura más defensiva en sus relaciones.

¿Se puede cambiar esta actitud?

Por supuesto que sí. El primer paso es tomar consciencia de que la realidad sufre cierta distorsión en la cabeza de alguien que padece ansiedad, por lo que sería conveniente ser más flexible en los juicios hacia los demás.

Vídeos destacados del día

Un buen entrenamiento para evitar en la medida de lo posible las “etiquetas” y los juicios anticipados sería focalizar la atención en los aspectos más positivos de la otra persona, como puede ser su amabilidad, su disponibilidad o simplemente su sonrisa. Hay que tener muy en cuenta que no existen las amistades perfectas, que la clave está en quedarse con lo bueno de cada persona, y formar así una especie de “collage” repleto de buenas cualidades y acudir a la persona precisa cuando necesitemos de esa cualidad concreta.

También es importante permitir la entrada a los demás. Es decir, la persona que padece ansiedad debe estar dispuesta a compartir ese mundo tan particular que vive en ella, sin miedo a ser juzgada o incomprendida. Mientras más capaz sea de compartir sus vivencias y experiencias, tal y como las siente, más dispuesta estará a liberarlas. Además, es una muestra de valentía y de amor propio, pues se estará reafirmando ante los demás y aceptándose tal y como es.

También es positivo tratar de salirse de vez en cuando del propio estado anímico y adentrarse en el de la otra persona, que seguro que también tiene sus días malos, sus miedos y sus preocupaciones.

Y el estar tan absortos en el propio sentir impide muchas veces darse cuenta de ello. Esta práctica es además muy beneficiosa para la persona con ansiedad, que no solamente descansa un poco de su torbellino mental, sino que se da cuenta de que los problemas no sólo habitan en ella. Es lo que se conoce como inteligencia emocional.

En conclusión, si las personas con ansiedad fueran capaces de adoptar una actitud más sana en sus relaciones, tratando de evitar los juicios anticipados, confiando más en la buena voluntad de los demás y desvistiéndose de vez en cuando de sus preocupaciones para comprender las del otro, seguro que contribuirían un poco más a su propia felicidad.