La importancia de la autoestima

Aunque a menudo se nos olvide, la autoestima es la base sobre la que construimos toda nuestra vida. Según cuál sea la valoración global que tengamos de nosotros mismos, nos comportaremos de una forma u otra, y las oportunidades que tengamos en la vida dependerán mucho de esa actitud.

La autoestima no sólo es un sentimiento de aprecio o rechazo que nos acompaña en la soledad. Lo queramos o no, la autoestima se percibe; es como si se tratase de una onda que emitimos sin darnos cuenta.

Muchas veces creemos que son los demás quienes nos hacen sentirnos inferiores o infravalorados. Pero el proceso comienza en ti: tú eres quién no se valora y quien, en consecuencia, emite esa onda.

Y los demás se comportarán de acuerdo a esas “señales”.

Es por eso que tener una buena autoestima es esencial: sólo cuando te valores, el mundo te valorará. Pero ya no lo hagas sólo por el mundo o por los demás, hazlo por ti mismo. La autoestima es un derecho que te pertenece y del que nadie te puede privar; sólo tú mismo puedes hacerlo. Así que también está en tus manos recuperarla.

¿Y cómo recupero mi autoestima?

Existe un hábito muy sencillo que, a pesar de que pueda parecer extraño, da muy buenos resultados si se practica diariamente. Es lo que se conoce como la técnica del espejo.

Consiste en detenerse frente a un espejo y en mirarse fijamente a los ojos. Al principio es importante quedarse un rato en silencio, simplemente observándose y tratando de reconocer al yo más íntimo. Para ello tienes que aquietar tu mente y tratar de no emitir juicios sobre lo que ves.

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Aquí no se trata de contemplar un físico, como tal vez estés acostumbrado a hacer, sino de algo más. Se trata de reconectar con tu valor como persona.

Una vez que te sientas conectado a esa imagen, sonríe y trata de hablarle desde el corazón. Lo primero que necesites hacer tal vez sea perdonarte a ti mismo (por tanto tiempo de desprecios o insultos, por ejemplo), o decirte algo que llevas mucho tiempo esperando oír de boca de otro, ya que nadie va a decirte algo que tú antes no sientas que mereces.

Al principio puede resultarte difícil, raro o absurdo. Y si no puedes hablarte con sinceridad, o no consigues decirte nada bueno, no desesperes. Sigue dedicándole un ratito al día e intentándolo. Verás como llegará un momento en el que consigas reconciliarte contigo mismo, y ese día supondrá un antes y un después en tu vida.

Se trata, por tanto, de dedicar unos minutos diarios a mantener conservaciones íntimas contigo mismo. La clave consiste en decirte aquello que más necesitas oír: si estás teniendo problemas con el trabajo, repítete que tienes la capacidad para lograr lo que quieras; si no te gusta tu físico, convéncete de que la belleza es algo muy subjetivo y que tu felicidad no va a depender de eso.

Háblate con cariño, como si estuvieras hablando con alguien muy especial a quien no quisieras hacer daño.

Da igual que estas afirmaciones te parezcan algo completamente ajeno a ti cuando las pienses. En el momento en que consigas esa conexión frente al espejo, te aseguro que la perspectiva cambia. Comenzarás a verte de una manera diferente, y poco a poco irás sintiéndote mejor contigo mismo. Es más, si consigues hacer de este ejercicio un hábito, serán esas conversaciones sinceras las que empiecen a moldear tu carácter y tu vida entera.