La #Cerveza, en sí, lleva formando parte de la gama de refrigerios del ser humano desde tiempos remotos. De hecho, junto al vino, era un elemento reservado exclusivamente para las élites sociales, y encontramos su presencia desde la civilización sumeria, pasando por la egipcia, hasta los imperios romano y carolingio.

No obstante, su periodo de máximo esplendor se da durante la Edad Media, imponiéndose al vino por su bajo precio y su popularización en los mercados. El perfeccionamiento en su elaboración no podría entenderse sin la labor de los monjes, cuya experiencia e innovación en las diferentes selecciones de ingredientes llevaron a la creación de una gran variedad de cervezas con diferentes rasgos característicos.

Como es obvio, el descubrimiento del Nuevo Mundo y de productos hasta entonces desconocidos (como el maíz), dio un nuevo impulso a la industria, aunque también reportó la aparición de competidores como el café o el chocolate.

Así pues, con la llegada de la modernidad, la cerveza fue evolucionando no solo por dentro: también en su apariencia externa. La utilización de latas como envase para esta bebida supuso un antes y un después a nivel logístico y comercial, tanto para las empresas como para el usuario. Actualmente, la industria cervecera avanza hacia nuevos horizontes, mientras se abren paso pequeñas empresas de fabricación artesanal (muy aceptadas por las comunidades vegetarianas y veganas), e iniciativas como el proyecto "FreeBeer".

Pero, ¿es realmente beneficiosa la cerveza? Analizando su composición, el agua es su elemento más abundante, así como la presencia de cereales como el trigo, por ejemplo.

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No obstante, al tratarse de una bebida alcohólica fermentada, contiene alcohol y aminas biógenas, cuyos efectos pueden llegar a producir alergias en casos muy excepcionales. 

A pesar de ello, es un estupendo vasodilatador, que previene la formación de coágulos. Otra de las ventajas que está ganando fuerza es la teoría de que una cerveza al día puede prevenir enfermedades como el Alzheimer, o ayudar a un mejor estado de los huesos por sus concentraciones de silicio, además de contribuir al buen funcionamiento de los riñones en su función depurativa.

Así pues, la cerveza puede formar parte de una dieta equilibrada diaria, en su justa medida (se recomienda tomar un máximo de dos al día) para no renunciar al ocio sin dejar de lado nuestra salud.