El síndrome de Estocolmo se considera una reacción psicológica compleja en la que la víctima establece una relación afectivo - dependiente con el secuestrador. Aunque siempre que pensamos en este síndrome lo solemos asociar con los casos de secuestro, no nos podemos olvidar de la estrecha relación que encontramos también con las relaciones de pareja y la violencia de género. 

Un atraco a un banco con rehenes en la ciudad de Estocolmo, Suecia hace ya más de cuarenta años dio nombre a este conocido trastorno. Un 22 de Agosto en el centro de la capital, un banco es secuestrado dejando en su interior a un atracador, un presidiario y cuatro empleados durante seis días.

Mientras el tiempo pasaba para la policía buscando calmar la situación y una solución. En el interior secuestrados y secuestradores jugaban a las cartas y al cinco en raya, provocando así sensaciones de agrado y paz en medio del pánico inicial. 

A pesar de que el secuestrador disparó a uno de los agentes los rehenes salieron en su defensa justificándolo como una alternativa al miedo que él estaba sintiendo y la presión a la que estaba sometido. En el momento en que la policía les rescato del secuestro los prisioneros se despidieron de los captores mediante abrazos y besos. 

Al final el raptor fue condenado a diez años, se casó en la cárcel y recibió visitas de los capturados. 

Lo mismo ocurre en una relación tóxica, este síndrome es muy común en las mujeres maltratadas. Nada tiene que ver con un secuestro de banco pero si se trata de saber que el mecanismo emocional funciona para todo el mundo igual.

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Cuando una persona te hace daño es esa misma persona la que tiene el poder para aliviarte. La persona que te daña es la que puede calmar tu dolor. Esto haría que quedará justificado el enganche entre la víctima y el agresor.

Si bien es cierto que actúa como atacante también es el mejor calmante, ya que de él depende que exista una ofensiva. Si hay una agresión él la puede sanar y si hay una no agresión es un acto de amor y afecto; o eso es lo que recibe tu cerebro convirtiéndose así en una especie de héroe salvador de tu dolor y no en un maltratador. 

Cuando se inicia este proceso es muy difícil recuperar las cosas porque hay algo muy importante que ya se ha roto y eso es irreversible. La única salida inteligente y no autodestructiva que existe es huir, dejarlo. 

En estos casos debemos pensar con la cabeza y no con el estómago o con el corazón. Si tomamos una determinación en base a las decisiones de nuestro estómago, vamos a pensar en el aquí y ahora. Tomando resoluciones viscerales, actúas por y para el momento. 

El corazón nos aferra a pensar de una manera más emocional, ya que evocamos al pasado, los recuerdos... Pero si actúas con la cabeza tomas decisiones racionales, focalizas todo al futuro, te centras en lo que está por venir, en lo que es lo mejor para ti más adelante. Ahí es donde te tienes que centrar en lo que esta por venir y tomar decisiones con la cabeza.