Cada verano fallecen 5.000 menores por ahogamiento, en esta época del año es cuando se producen un mayor número de ahogamientos. Por eso el mensaje fundamental es la vigilancia de los Niños en cualquier espacio con agua. Un bebé o un niño puede ahogarse muy deprisa, por eso la vigilancia y seguridad es muy importante para evitarlos. Sin embargo, aunque muchos niños hayan sido rescatados del agua, existe riesgo de que el niño pueda ahogarse. Es lo que se denomina ahogamiento secundario.

Después de ser reanimado un niño puede aparentar que todo está bien, caminar y moverse con normalidad. Sin embargo, cuando entra agua en los pulmones se produce una irritación y la función pulmonar se puede deteriorar incluso hasta pasadas 72 horas.

El ahogamiento secundario puede causar problemas de memoria, daños cerebrales e, incluso la muerte.

Hay que tener claro que no pasa cuando el niño traga un poco de agua o sufre una “ahogadilla” jugando en el agua, sino cuando ha tenido que ser rescatado inconsciente del agua porque se estaba ahogando. Tras estos periodos una pequeña cantidad de agua ha podido pasar a los pulmones y en el 5% de los casos puede provocar un edema pulmonar.

Algunos síntomas de este tipo de ahogamientos es la dificultad del niño para respirar, tos intensa, cansancio extremo y comportamiento extraño como dificultad para hablar, pérdida de memoria o falta de atención, entre otros.

Uno de los problemas después del accidente de ahogamiento es que se piense que el problema ha pasado cuando el niño se ha recuperado.

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Por todo esto, los expertos son muy claros e indican que siempre que un niño haya sufrido un ahogamiento por muy leve que sea y aunque parezca que se encuentra bien, sea llevado a un centro hospitalario inmediatamente para que sea reconocido por un médico.

El ahogamiento secundario es una patología poco frecuente y desconocida. Por eso, se debe dar a conocer su existencia y compartir la información, ya que puede salvar muchas vidas. ¡Si quieres salvar vidas, comparte!