Sobre las razones para dejar la adicción a la nicotina, o cualquier otra adicción, he de decir que las más usadas y evidentes no siempre son efectivas ¿Por qué? Simplemente porque contradicen alguna de las creencias de que hemos hablado. Imagínate que eres un ordenador, un androide que tiene un programa base, un programa que ha sido cargado con una finalidad y que automáticamente invalida cualquier orden proveniente de otro programa cargado posteriormente. Así es como funcionan las creencias inconscientes, invalidando cualquier idea o pensamiento por muy razonable que nos parezca. 

Un claro ejemplo de lo que estoy diciendo es el poco o nulo efecto que surten los mensajes alarmistas de las cajetillas.

Si yo en el fondo tengo la creencia de que el tabaco me hace feliz, no puedo entender que me mate, esa afirmación entra en contradicción con mi creencia… y pienso que a mí no me puede matar algo que me hace feliz.

Sin embargo la salud es la razón fundamental para dejar de fumar, aunque no sea efectiva para sostener el proceso. Mi padre fue languirotomizado, sólo quien ha padecido el cáncer de laringe o lo ha vivido en alguien cercano sabe lo que es y el sufrimiento que conlleva. Varios familiares de enfermos de la planta dijeron que a partir de ese momento no fumaban más. Es cierto una experiencia de ese tipo, y en especial de un ser querido, te puede romper creencias y provocar que dejes de fumar en ese mismo instante, pero si no está bien anclada volverás a recaer.

En otros casos ni siquiera desencadena la acción, como máximo suele aparecer por la mente la famosa frase: “tengo que dejarlo”.

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Ese fue mi caso: en los 40 años que he sido fumadora el tema de la salud parecía no ir conmigo, no podía creer, contradiciendo a todas las leyes genéticas, que lo que le estaba pasando a mi padre me podía pasar a mí.

¿Cómo pude llegar a pensar de una manera tan poco científica? Porque la creencia principal que me mantenía adicta a la nicotina era la de que el tabaco era mi fuente privada de placer, la solución a mis momentos de ansiedad y no podía a renunciar a ella, era cuestión de supervivencia (el programa base de la computadora). Pero claro eso solo no bastaba, si te mueres no hay placer que valga. Así que mi inconsciente recurrió a la anclada e infantil fantasía de que la muerte no va conmigo y que la enfermedad es siempre la realidad de otros. Ante estas arraigadas creencias y ayudada por la fantasía e inmortalidad, los conocimientos científicos y la razón caen desplomados.

Ahora que ya no soy fumadora y que no estoy bajo los efectos de la adicción, puedo ver con claridad la ridiculez de estas creencias y entiendo cómo se ha visto y puede verse afectada mi salud, sinceramente siento que he estado jugando a la ruleta rusa.

Ahora que desde mi web "psicopedagogía del cambio" y en talleres presenciales, acompañando a otros en su proceso para deshacerse de la adicción, he entendido que la razón, la motivación, que sostiene la decisión es tan variada como fumadores hay. Si la “razón” que te impulsa a dejar el tabaco es el olor, el color de los dientes o el dinero que te ahorras, adelante con ella, quiere decir que para ti es algo realmente importante en este momento. No importa lo que le pueda parecer a tu razón a otros, si sientes que realmente te conmueve, te hace vibrar tiene el poder de contrarrestar las creencias que te han llevado a fumar.