La velocidad frenética que nos impone la vida moderna. Las expectativas laborales, familiares o sociales que nos ponemos o se espera de nosotros. La toma de decisiones a lo largo de nuestra existencia. Enfrentarnos a enfermedades propias o ajenas... Todo ello evitable o inevitable puede producirnos un grado de ansiedad fuera de los márgenes soportables y en consecuencia hacer nuestra vida un lugar desapacible. 

Sabemos que ante los mismos hechos dos personas pueden comportarse de forma diferente. Hay muchas variables que contribuyen a ello, la cultura a la que pertenece, el temperamento, sus capacidades emocionales, esto se entrelaza con la interpretación de los hechos.

El ser humano está constantemente interpretando y emitiendo juicios.

La perspectiva frente a un hecho puede ayudarnos a bajar el nivel de ansiedad. Imaginemos que tenemos una reunión en 5 minutos donde están presente jefes y un cliente importante. Este hecho puede generarnos un alto grado de ansiedad, en cambio si visualizamos esa misma situación en un país a miles de kilómetros, por ejemplo en Tokio donde un japonés ocuparía nuestro papel, seguramente sabríamos perfectamente que tendría que decir y nuestro nivel de ansiedad sería más bajo. ¿Por qué pasa esto?

Al imaginar esta situación nos centramos en nuestro objetivo y no nos despistamos con otros aspectos que lejos de ayudar "hacen ruido". Los integrantes de la reunión en Tokio pasan a ser personas neutras, por ello no ocupamos nuestro cerebro con pensamientos paralelos tales como juicios sobre el pensamiento de terceros con los cuales tenemos cierta relación profesional que aumentan nuestra ansiedad y entorpece nuestro objetivo real.

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A su vez seguramente si el japonés no consigue el propósito del proyecto, entendemos que puede producirle cierto malestar, pero tampoco debería condicionarle en gran medida su felicidad,entonces ¿por qué en nosotros o nosotras debería ser diferente?

Con este ejemplo quiero hacer ver que la perspectiva a la hora de interpretar una situación puede ayudarnos a vivir con un menor nivel de ansiedad y en definitiva un poquito más felices.