Qué hacer con los depósitos de yeso que desde hace 48 años han ido ocupando las marismas de Huelva y cuál es realmente su carga contaminante, son las grandes preguntas de un dilema eterno en una ciudad que, en estos momentos, tiene como principal preocupación, después del paro, la contaminación y las balsas de fosfoyesos, que hoy ocupan un total de 1.200 hectáreas de marisma.

El origen del fosfoyeso está en la producción de ácido fosfórico por vía húmeda para su uso principalmente en la fabricación de fertilizantes fosfatados para detergentes u otras aplicaciones. Al inicio en los años 60 de la actividad de las Empresas Fertiberia SA y FMC Foret SA en Huelva, los fosfoyesos, se vertían a la ría, en el caso de Foret, o se transportaban para acumularlos en un conjunto de balsas de decantación, en el caso de Fertiberia, en las marismas del Tinto.

Más de cuatro décadas después, sigue siendo imposible encontrar una solución a las balsas de fosfoyesos, porque imposible ha sido también el acuerdo entre las administraciones públicas, los empresarios, los ecologistas y, en general, la sociedad onubense.

Los constantes episodios de malos olores en la ciudad ponen en alerta, un día sí y otro también, a la población, cansada, en algunos casos, y resignada, en otros, por las continuas reuniones, mesas, estudios, debates y otras "buenas intenciones" que no van a ninguna parte. Y este  panorama no parece que vaya a cambiar. La empresa Fertiberia, obligada por la Audiencia Nacional a restaurar las 750 hectáreas de balsas que aún son de su titularidad, de acuerdo a aquella premisa de "quien contamina paga", ya tiene un proyecto para clausurarlas; proyecto que está siendo supervisado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 

Sacar a la luz pública el proyecto no ha gustado nada al recién creado comité de expertos por la Mesa de los Fosfoyesos.

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El Ayuntamiento de Huelva, parte importante de esa mesa, afea a Fertiberia la publicación de su proyecto sin esperar al pronunciamiento del comité de expertos, lo que considera una "falta de respeto". Este comité, compuesto por especialistas de distintas universidades y organismos, deberá elaborar un dictamen que podría ser complementario o contrario al proyecto de Fertiberia, el único que existe hasta la fecha para recuperar la marisma.

Además, mientras investigadores de la Universidad de Huelva, de acuerdo a recientes análisis de las filtraciones de las balsas, cuestionan el sistema de sellado de las mismas y hablan de una "trampa química", el gerente de la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas, Rafael Romero, minimiza el debate insistiendo en que el fosfoyeso "no es radiactivo ni es un residuo peligroso". Los ecologistas se llevan las manos a la cabeza. "Quieren hacernos creer que 120 millones de toneladas de diversas sustancias, incluidos metales pesados y materiales radiactivos, combinadas de mil maneras y sometidas a situaciones cambiantes de temperatura y humedad, se pueden dejar tranquilamente en nuestra marisma sin riesgo alguno", alertan.

Así las cosas, la gran pregunta ahora es si el dictamen que elabore la comisión de expertos será acatado por Fertiberia, que no tiene ninguna obligación legal de hacerlo, o seguirá adelante con su proyecto si finalmente cuenta con el beneplácito de las administraciones competentes.