Se estima que unos 30 millones de hombres estadounidenses se ven afectados por la disfunción eréctil, según los Institutos Nacionales de Salud. Cerca del cuatro por ciento de hombres en los 50 años, el 17 por ciento de hombres en los 60 años y el 47 por ciento de los hombres mayores de 75 sufre esta condición. En España, la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva (ASESA), creó un ATLAS de la disfunción eréctil, (con la colaboración de Bayer), con la finalidad de conocer la situación por comunidades autónomas. La conclusión es que se trata de una patología infradiagnosticada y además infratratada.

Los fármacos utilizados para tratar la disfunción eréctil presentan desventajas.

Algunos solo valen para prolongar las erecciones, pero no pueden desencadenarlas. Además tales fármacos no pueden ser utilizados por personas con algunos problemas de salud, como por ejemplo las enfermedades del corazón.

Investigadores del Departamento de Biosystems de la ETH Zurich, en Basilea (Suiza) han probado un tratamiento, el estimulador eréctil optogenético (EROS), en ratas macho. La optogenética consiste en la combinación de métodos ópticos y genéticos para conseguir el control de eventos dados en células de seres vivos. Los científicos encontraron que esta técnica podría utilizarse de forma segura para "encender o activar" erecciones e incluso en algunos casos lograr la eyaculación.

Cuando la sustancia se expone a la luz, una molécula precursora (trifosfato de guanosina, o GTP) se convierte en un segundo mensajero monofosfato de guanosina cíclico (cGMP), que se presenta de forma natural en una serie de órganos humanos.

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Este permite que los canales de calcio dependientes del voltaje, se cierren, lo que reduce los niveles de calcio en las células, que a su vez relaja las células del músculo y aumenta el flujo de sangre al tejido eréctil. Posteriormente una enzima descompone lentamente el cGMP, por lo que la erección desaparece con el tiempo.

La terapia génica basada en la luz, según los investigadores suizos, pueden ofrecer una ruta directa a la erección y sin efectos secundarios. "La inyección de una sustancia de este tipo no debería ser una barrera para los posibles usuarios, pues las inyecciones en el tejido eréctil son un tratamiento habitual para la disfunción eréctil", afirmó el profesor de la ETH Zurich, Dr. Martin Fussenegger. Gran parte del tejido eréctil es insensible al dolor, y en su mayoría, no participa a nivel global en la circulación de la sangre, por lo que la probabilidad de la de que esta sustancia pueda alcanzar las demás partes del cuerpo es muy baja. Además, se descompone con relativa rapidez.

"Photostimulated shortcircuiting of a complex psychological, neural, vascular and endocrine factors to stimulate penile erection in the absence of sexual arousal may foster novel advances in the treatment of erectile dysfunction", es el título del artículo con los resultados, publicado en la revista Angewandte Chemie International Edition.

Fussenegger dijo que faltan las pruebas clínicas, antes de que la tecnología pueda utilizarse como tratamiento para los seres humanos. Su equipo está buscando socios para desarrollar la tecnología para aplicaciones clínicas.