Los científicos y la sociedad en general sueñan con una vacuna contra el cáncer, una enfermedad no contagiosa que causa al año, aproximadamente, el 20 % de muertes en nuestra sociedad. Debido a la mortandad y a los devastadores síntomas de esta patología, suponemos que ningún padre, libremente, sería capaz de condenar a su hijo a padecer un cáncer, si por fortuna, hubiese una vacuna eficaz contra él.

Sin embargo, debemos de confesar que la sociedad actual se ha "relajado" frente a otro tipo de enfermedades, que gracias a que han sido erradicadas o controladas, ya no suponen una amenaza seria contra la salud pública. Es el caso de las enfermedades infecciosas, que gracias a las vacunaciones, solo producen un 2% de los fallecimientos actuales.

Sin embargo, no debemos de olvidar, que hace apenas cien años, estas enfermedades producían el 50% de las muertes en la población.

Gracias a las vacunas, enfermedades como la viruela o la difteria, de rabiosa actualidad por la irresponsabilidad de unos padres, se habían erradicado a escala mundial y otras, como la polio, la rubeola o el sarampión, habían alcanzado mínimo históricos. Sin embargo, el caso del niño de 6 años enfermo de difteria en Cataluña abre, de nuevo, el debate sobre la objeción de conciencia en la vacunación de los hijos.

Una enfermedad, de la que no se habían detectado casos en España durante los últimos 30 años, ha resucitado. Las toxinas liberadas por las bacterias que causan esta enfermedad son tan peligrosas, que el niño mencionado se encuentra en estado crítico y los doctores temen por su vida.

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Además, y debido a su erradicación, el medicamento eficaz contra esta infección ha sido descatalogado y, gracias a que la sanidad rusa dispone de algunas dosis para su tratamiento, probablemente no tendremos que hablar de que la tozudez y la irresponsabilidad de unos padres han causado la muerte de su hijo, simple y llanamente, por no proceder con inteligencia y lógica médica.

Pero además, esta objeción va más allá de la elección personal. Es cierto que enfermedades como el cáncer o las cardiovasculares, en estos momentos nos parecen más terribles y peligrosas; sin embargo, en estos casos, si hubiera una vacuna podría estar justificada la libre elección sobre la objeción de conciencia, ya que al no ser contagiosas esta elección sólo atañe a un único individuo y, aunque también cuestionable, por condenar a tus hijos a padecerlas, esta decisión no generaría un problema de salud pública.

Sin embargo, en el caso de las enfermedades infecciosas, la vacunación de los niños debería de estar obligada por la ley, ya que con el hecho, no sabemos si reivindicativo o inconsciente, de no vacunarse se está poniendo en peligro la vida y la salud de otros niños y personas que no tienen nada que ver con los caprichos y las modas "snob" de ciertos padres irresponsables.