La primavera es considerada por muchos como la mejor estación del año. Sin embargo, para gran parte de la población, y debido a las alergias, la primavera se ha convertido en una época de sufrimiento y desazón. Estornudos, picor de los ojos, urticaria, tos, mocos y toda una serie de síntomas que impiden disfrutar de esta maravillosa época del año.

Aunque todos los años ocurre la misma historia, la primavera de este año está siendo especialmente conflictiva. Tras unas semanas lluviosas, la subida brusca de las temperaturas ha llevado a una polinización abundante y en un corto periodo de Tiempo. Así, durante estos días el pañuelo y los antihistamínicos han pasado a ser parte del paisaje habitual de nuestro entorno.

Las alergias al polen son las más comunes es esta época del año y no es otra cosa que una respuesta exagerada y anormal de nuestro sistema inmunitario a las proteínas presentes en el polen. La creación de anticuerpos frente a estas proteínas exógenas lleva a nuestro organismo a la generación de mediadores, entre ellos la histamina, que ocasiona todos los síntomas ya mencionados.

Entre la población existe la sensación de que cada vez hay más casos de alergias al polen o polinosis, y aunque no se conocen las causas de este posible aumento, varias teorías apuntan a que el exceso de higiene de la sociedad actual podría llevar a nuestro organismo a reaccionar de forma violenta frente a una mayor cantidad de alérgenos o proteínas extrañas. Se estima que en los próximos cinco años los casos de alergias aumentaran en la población, llegando a afectar, aproximadamente, a la mitad de esta.

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Quizás el polen de las gramíneas, del plátano y del olivo sean aquellos que mayores casos de alergia producen y en muchos casos la reforestación de paisajes con estos árboles no autóctonos sea la responsable de la respuesta de nuestro organismo a partículas de polen presente en el aire que respiramos.

Aunque lo mejor es conocer la especie de planta que le ocasiona la alergia, ante un ataque de este tipo, los fármacos más recomendados son los antihistamínicos. Entre ellos, los de segunda generación como la cetirizina, son los más apropiados ya que producen menos somnolencia que los antihistamínicos clásicos o de primera generación.

En algunos casos, y aunque sea imposible evitar que el polen esté presente en el medio ambiente, sí es posible reducir el contacto con él. Así, los expertos recomiendan mantener las ventanas cerradas por la noche y de madrugada, periodo donde la cantidad de polen es mayor en el aire, y ventilar las estancias durante cortos periodos de tiempo.

Otros consejos incluyen pasar el aspirador con frecuencia y secar la ropa en interiores o en la secadora, ya que el polen puede adherirse a la ropa si esta se seca en el exterior. Si no tienes más remedio que salir de casa, no estaría mal si evitaras zonas muy arboladas y llevaras unas buenas gafas de sol para impedir la contaminación del polen por vía ocular.