Existen personas que vinculan el perfeccionismo con una cualidad positiva del carácter de aquella persona que aspira a superarse a sí misma. Sin embargo, el perfeccionista es aquel que boicotea su propio potencial para alcanzar la felicidad ya que siempre existe un pero que le impide disfrutar.

Un estudio elaborado por la Universidad de Brock en Canadá concluye que el peso al que se someten las personas que tienden a exigirse demasiado puede aumentar los niveles de ansiedad y estrés. En ocasiones, este deseo de perfeccionismo puede estar producido por el deseo de recibir la aprobación social.

La búsqueda de perfeccionismo produce preocupaciones que pueden afectar incluso al sueño ya que la persona que está tan pendiente de alcanzar una meta y que el resultado sea perfecto, invierte gran parte de su tiempo y de su energía en este aspecto. El precio de ser perfeccionista también puede ser darse por vencido antes de tiempo por el miedo de no alcanzar un objetivo. Sin embargo, para ser feliz es muy importante recordar que el mayor fracaso es no intentar luchar por una meta.

Por otra parte, conviene tener en cuenta que el entorno social alimenta en cierto modo esta tendencia hacia el perfeccionismo puesto que en el contexto profesional, la competencia de talento es evidente. Existen profesionales que tienen un currículum vitae perfecto y a su vez, también existen ofertas de empleo exigentes en las que se especifica un número de competencias profesionales interminable.

El perfeccionismo es agotador, produce infelicidad, aumenta la frustración y causa tristeza. Por ello, es un signo de inteligencia emocional aprender a gestionar la superación personal pero priorizando ante cualquier objetivo el propio bienestar personal. El exceso de perfeccionismo produce pensamiento negativo, miedo y ansiedad, factores que influyen en la salud de una forma negativa.

El perfeccionista sufre porque no disfruta sus éxitos. ¿Qué es el perfeccionismo? Confundir la búsqueda de la excelencia con la autoexigencia sin límites.