¿Alguna vez has oído hablar de la "pérdida de la audición oculta"?


La pérdida de audición se determina generalmente por audiograma y se considera que una persona tiene una pérdida auditiva si se produce un descenso de 20 dB en una o más octavas desde 125 Hz a 8000 Hz.


Prácticamente la "pérdida de la audición oculta" es una nueva forma de pérdida auditiva que no se puede medir con la técnica de audición del audiograma. Es decir, que este tipo de sordera presenta audiogramas normales. 


¿En qué casos puede darse?


Es más común de lo que podamos pensar aunque hasta día de hoy no se la hubiera clasificado y puede darse por una neuropatía auditiva o por trastornos del procesamiento central de la audición, por ejemplo. Las personas afectadas no tienen un deterioro de las células ciliadas del oído sino de las funciones relacionadas con los procesos en el área temporal del cerebro y de la comprensión del habla.


Ya en noviembre del año 2014 los investigadores habían detectado esta nueva pérdida de la audición que normalmente estaba vinculada al envejecimiento y, sobre todo, a la exposición al ruido. Y ahora se han hecho estudios sobre animales para acabar de entender este problema auditivo.  


Los animales expuestos a incluso un nivel moderado de ruido tienen células ciliadas en la cóclea normales, pero las neuronas auditivas resultaban dañadas. Esto implicaba que los animales mantenían un audiograma normal pero la entrada de sonidos al cerebro se reducía significativamente.


Y se cree que esto mismo es lo que ocurre en las personas. De hecho, los expertos sugieren una relación entre la dificultad para entender lo que se dice en situaciones de ruido y los fenómenos de tinnitus e hiperacusia.


Entonces, ¿cómo se puede diagnosticar esta pérdida "silenciosa" del oído?


La solución es llevar a cabo un estudio llamado ABR, de las siglas en inglés que significan Potenciales Evocales Auditivos. 


El estudio ABR permite identificar una onda I que es la que se encunetra reducida o anulada, mientras que las otras ondas que serían hasta la V no resultarían modificadas. Es decir, que el estudio ABR permite detectar las ondas que fallan de entre todas las ondas, por eso puede detectar esta sordera escondida aunque no cambie el audiograma. 


En caso de padecer una neuropatía auditiva se verían afectadas tanto las ondas I como las V. 


Los investigadores siguen trabajando duro para entender la fisiopatología de este tipo de pérdida auditiva en los seres humanos.
#Investigación científica