Desde el 18 de diciembre de 2007, el 2 de abril es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una condición que afecta al desarrollo neurológico, afectando a la comunicación y la interacción social. Más del 80% de adultos diagnosticados de autismo están sin empleo, y deben afrontar a lo largo de su vida muchas dificultades entre las que se encuentran la discriminación, la inadecuada formación profesional y la pobre inserción laboral.

El autismo está clasificado como un trastorno del neuro desarrollo, que según el DSM-IV-R tiene una prevalencia del 5 por 1000 y está más presente en varones que en mujeres, sin que influya la etnia o el estatus socioeconómico.

Pero, ¿qué características tiene el autismo específicamente, además de problemas de comunicación y de relación social? Según el especialista Leo Kanner, las características más relevantes de autismo son las siguientes:

Evitación del contacto visual y físico, ignorando cualquier cosa que proceda del exterior de sí mismo, especialmente las personas. Esto es lo Kanner denomina soledad autista. Tendencia hacia los patrones de comportamiento repetitivos e invariables: usar la misma ropa, ver la misma película, pisar siempre las mismas baldosas. Es lo que se conoce como monotonía, y cualquier ruptura de la misma puede generar estados de ansiedad o nerviosismo.

Dificultades para el lenguaje y la comunicación, que pueden concretarse en repetir la última palabra o frase del interlocutor, invertir el orden normal de las palabras, falta de entonación emocional, incapacidad para entender el lenguaje figurado como ironías o sarcasmos, etc.

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También pueden presentar dificultades en la gestualidad que acompaña a toda comunicación.

Islotes de habilidad, y nos referimos aquí a determinadas capacidades que pueden mostrarse realzadas, como gran capacidad de vocabulario o una memoria fuera de lo normal. Sin embargo, se debe destacar que la ficción ha explotado estos aspectos en mucha mayor medida de su prevalencia en la realidad.

Es necesario destacar que, aunque está considerado como un trastorno por el manual de diagnóstico DSM-IV-R así como por la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, algunas personas diagnosticadas de autismo o trastornos del espectro autista (como Asperger) rechazan esta clasificación por considerarla estigmatizante.

Las personas de esta comunidad acuñaron el término neurodivergente para referirse a aquellas personas que muestran una neurología atípica, lo cual incluye también a personas diagnosticadas de Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA, TDAH) o dislexia.

Argumentan que el uso de este término previene la discriminación y los prejuicios tanto por parte de la población general como por parte de la comunidad médica, sosteniendo que el uso de términos como "anormalidad" o "desorden" hacen más mal que bien.

Algunos argumentos a favor de este término son la alta heredabilidad del autismo y trastornos del espectro autista, la incapacidad para determinar actualmente las causas que lo producen, el hecho de que un gran número de personas autistas no viven su condición de forma negativa, no parece afectar a la esperanza de vida, o que el autismo de alto funcionamiento supone más una diferencia que una discapacidad. Estos y otros argumentos han llevado a profesionales como Thomas Anderson o el especialista en autismo Simon Baron-Cohen a apoyar directa o indirectamente el uso de los términos neurodiversidad o neurodivergente para referirse a trastornos del espectro autista, dislexia o TDAH.