Una empresa brasileña, Embrapa (Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria) acaba de producir una soja modificada genéticamente que se podría utilizar como fuente de cianovirina, una proteína capaz de destruir el #VIH o virus del SIDA.

La cianovirina se encuentra de forma natural en las cianobacterias, también llamadas algas verde-azuladas y es capaz de interaccionar con proteínas de la membrana del VIH como la gp120 y gp41 lo que lleva a la destrucción del virus en las células vaginales de la mujer.

Aunque se conocía la actividad antiviral de la cianovirina, hasta ahora, no se había podido utilizar a gran escala en productos farmacéuticos, ya que la producción de esta proteína en las algas es muy limitada.

Los científicos de Embrapa, con el investigador Elíbio Rech a la cabeza, han conseguido introducir el gen de la cianovirina en la soja y hacer que esta produzca cantidades industriales de lo que se denomina cianovirina transgénica o recombinante. Ahora sí, de esta soja se pueden obtener grandes cantidades de la proteína antivírica y así, poder ser usada en productos farmacéuticos o de higiene personal.

La producción de proteínas recombinantes en plantas como la soja presenta muchas ventajas, entre ellas, su bajo coste, su gran capacidad de producción y una alta bioseguridad. Otro de los grandes avances conseguidos por esta empresa brasileña ha sido la de poner a punto un método sencillo y eficaz para purificar la cianovirina producida en la soja.

Una gran noticia para el mundo en general, pero sobre todo para los países subdesarrollados, como África, donde el SIDA sigue siendo la gran pandemia del siglo XXI.

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La nueva cianovirina podría ser usada como principio activo de geles íntimos de uso tópico para la mujer y se aconsejaría su uso antes de mantener relaciones sin preservativo.

Ahora varias empresas farmacéuticas están interesadas en comercializar el producto. Debido al destino para el que se ha diseñado, los países pobres, esperemos que los geles anti-SIDA salgan al mercado con un precio más que asequible y que no se incurra en el gran defecto de las farmacéuticas de querer hacer caja a costa de las desgracias ajenas. Al contrario que otros antivíricos, como el de la hepatitis B, en este caso la proteína antivírica es económica y esperemos que no haya muchos gastos extra debido al uso de las patentes.