Es bien conocido que el té, una de las infusiones más consumidas alrededor del mundo, posee una gran variedad de propiedades beneficiosas para la salud. Algunos de sus componentes, como las catequinas, tienen un alto poder antioxidante y existe una gran variedad de estudios que indican que el consumo regular de té verde puede prevenir la aparición de enfermedades como el cáncer y la diabetes, así como retrasar el desarrollo del Alzheimer y algunas enfermedades coronarias. Además, los principios activos del té también han mostrado actividad anti-inflamatoria, antimicrobiana y antifúngica.

En el año 2005, investigando las propiedades anticancerígenas de las catequinas del té, un grupo de investigación español descubrió que estos compuestos eran capaces de interferir con el metabolismo del ácido fólico, ya que inhibían a una enzima hepática encargada de la activación de esta vitamina. Dos años más tarde, investigadores alemanes también observaron que las catequinas del té verde impedían la asimilación corporal del ácido fólico procedente de la dieta, al bloquear transportadores específicos de esta vitamina, existentes a nivel del intestino delgado. Todos estos descubrimientos hicieron pensar que el consumo excesivo de té verde podría estar contraindicado durante el embarazo.

La relación entre el ácido fólico y el desarrollo normal del feto en mujeres gestantes se conoce desde hace décadas. El ácido fólico es necesario para mantener la división celular y la síntesis del ADN y su consumo en mujeres embarazadas, está recomendada con el fin de prevenir el riesgo del bebé de sufrir uno de los defectos más comunes del tubo neural, la espina bífida. Probablemente, alarmados por estos resultados, varios laboratorios asiáticos en China y Japón, dos de los países con mayor consumo de té verde, empezaron a realizar estudios epidemiológicos para intentar esclarecer el efecto del consumo de té verde en mujeres embarazadas. Entre ellos, un estudio realizado en la Universidad de Tokio revelaba que aquellas mujeres embarazadas que habían consumido grandes cantidades de té verde y oolong (otra variedad de té), presentaban bajos niveles de ácido fólico en su plasma sanguíneo.

Las investigaciones sobre este tema sólo acaban de empezar y más estudios en poblaciones de mujeres embarazadas, serán necesarios para establecer una causa/efecto entre el consumo de té y la posible aparición de enfermedades neurológicas en el feto. A día de hoy, reina la cautela y los expertos prefieren curarse en salud, recomendando reducir la ingesta de té durante los tres primeros meses de embarazo, tiempo necesario para el desarrollo del tubo neural. Además, evitando el té durante este periodo, también se reduce el consumo de cafeína, una sustancia que ha generado controversia sobre sus efectos en mujeres embarazadas, ya que en algunos casos se ha relacionado con un aumento en la probabilidad de sufrir un aborto espontáneo.